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El Infierno

Escribe: akkers73
En Nicaragua tuve ocasión de contemplar por primera vez en mi vida el interior de un volcán activo... Este volcán se encuentra a unos 25 kilómetros de la ciudad de Masaya, y el cráter que...

 
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El Infierno

Nicaragua — viernes, 15 de agosto de 2008

En Nicaragua tuve ocasión de contemplar por primera vez en mi vida el interior de un volcán activo... Este volcán se encuentra a unos 25 kilómetros de la ciudad de Masaya, y el cráter que visité en cuestión se llama San Fernando.
Es espectacular. Es uno de los pocos volcanes activos del mundo que se puede visitar, y asomarse al humeante cráter es como mirar las entrañas de la tierra. Un gigantesco y enigmático agujero de 300 metros de diámetro y unos 150 metros de profundidad se dibuja en la cima de un pequeño promontorio de unos 500 metros de altura.
Los bordes del cráter están precariamente vallados con un murete de metro de altura fabricado con pedruscos y mortero y que sirve para proteger al visitante de un fatal accidente. Las paredes del interior de la caldera caen verticalmente unos 100 metros para llegar a una pequeña laguna de lava solidificada .

Justo en el centro de esta, un agujero de pocas decenas de metros se abre para volver a profundizar hasta los incandescentes flujos de magma. Las rocas del entorno son predominantemente negruzcas, con filones e incrustaciones de tierras marrones, rojas, amarillentas y purpúreas...

Del suelo uno puede recoger pedruscos porosos expulsados por el volcán en muy recientes erupciones. Son de tonos rojizos, con brillos tornasolados y ricos en metales y minerales sulfurosos.
En el museo de mineralogía aprendí que los hawaianos nativos distinguieron con brillante ingenio, varios tipos de la lava. Uno de ellos lo llamaban "Ro maunla-kelana" que significa, lava sobre la cual, se puede caminar descalzo. Y otro tipo "marue loa kelana", lava sobre la que no se puede caminar descalzo...

Decididamente la lava expulsada por este volcán corresponde a esta última clasificación. Es muy porosa, áspera y puntiaguda y caminar sin calzado sobre el abrasivo suelo volcánico debe ser una experiencia muy poco agradable. Del interior del cráter sale un humo picante y gris, que apesta a azufre y cloro.
La primera bocanada que respiré del aquel aire viciado, entró en mis pulmones como la primera calada que hice a un cigarrillo. Una inhalación pestilente que me obligó a toser como un carretero, pero que por algún motivo, no me desagradó del todo.

En un ataque de excentricidad me puse a dar gritos y brincos en aquel convulso lugar, invocando a las fuerzas titánicas ocultas de la Tierra, y provocando la ira del Dios Vulcano, para qué en su malhumorado despertar, se manifieste en forma de explosión estromboloniana.
Desafortunadamente a los pocos minutos de estar expuesto a ese "air fummé" y sus efluvios infernales..., una irritación de garganta acompañado de un repentino y fuerte dolor de cabeza me obligaron a retirarme discreta y silenciosamente...

Es un ambiente inhóspito, infernal, pero de una desoladora belleza. Las fotos que realizo son espectaculares pero no permiten captar la grandeza de todo el conjunto. El cráter San Fernando está emplazado en una formación volcánica de 50 kilómetros cuadrados, donde se aprecian antiguos y extintos volcanes, calderas y flujos solidificados de lava. El aspecto de aquel paisaje, a excepción del intenso azul del cielo, seguramente debe asemejarse mucho al primigenio aspecto que tenia este planeta cuando comenzó a ser planeta.

Una de las cosas que más me sorprendieron de aquel lugar, al que yo pensé que resultaría completamente desolado y hostil para cualquier forma de vida, fue la constatación que incluso allí arriba, dentro del cráter... hay vida.

Está poblado por una especie simpáticos loros verdes que han adoptado como estrategia de supervivencia instalarse en ese lugar tan irritante y tóxico. Aparentemente estos loquitos han encontrado la tranquilidad y la seguridad que este ambiente infernal les proporciona. Han sabido adaptarse a la adversas condiciones del lugar y tienen la certeza que ningún depredador les atacará o les robará los huevos de los nidos... Allí, entre gases y erupciones que podrían matar a cualquiera, ellos están tan panchos, calentitos y felices.

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publicado el 15 de agosto a las 12.36
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