
Campesino cabrón me pega con el pai-pai
Xian | 0 comentarios.
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Casi sin darnos cuenta, mi amiga Sonia y yo, habíamos liado a nuestros maridos para hacer un viajecito, los cuatro juntos, a China. Por aquellos tiempos ellos no se conocían pero descubrimos a casi 15.000 Km de casa, que la experiencia nos haría excelentes compañeros de viaje y aún mejores amigos. Parece que en el verano de 2005 China era el destino de moda. Por la capital del Imperio del sol naciente deambularon los jugadores del Real Madrid, el presidente Zapatero, el padre Apeles, y como no, nosotros.
La verdad es que llegar nos costó lo nuestro. Salimos de Madrid vía Frankfurt donde nos dijeron que nuestro vuelo llevaba un retraso de nada menos que ocho horas. Como no nos resignábamos a permanecer en el aeropuerto durante tan larga espera, cogimos nuestros equipajes de mano (incluido mi maletín- bolsa de aseo) y nos fuimos a ver la ciudad. No es que hubiera mucho para ver, pero al menos matamos el tiempo y probamos las salchichas y la cerveza típicas.
Cuando por fin llegamos a Beijing vimos que habíamos perdido todas las excursiones del primer día y para colmo llovía a mares, pero al menos nos esperaba la cena en la mesa para que comenzáramos a descubrir las “delicias” de la gastronomía china.
Lo primero que visitamos fue el Palacio de Verano, ubicado en medio de un gran parque a orillas del lago Kunming, a unos 12 Km de Beijing. Son destacables el Gran Corredor, el Barco de Mármol y el Puente de los Diecisiete Arcos, donde tuvimos nuestra primera toma de contacto con la cultura china y sus gentes. Niños, adultos e incluso vendedoras de productos típicos de las tiendas de “todo a un euro”, nos solicitaban hacerse fotos con nosotros. Más tarde descubrimos que los occidentales les llamábamos la atención porque la mayoría de ellos (turistas chinos del interior del país) jamás había visto uno de carne y hueso.
Por la tarde estuvimos visitando La Ciudad Prohibida, a la que yo recomiendo acudir con las pilas cargadas para no desfallecer. Símbolo de la soberanía china, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y gran reclamo turístico, la que fuera residencia de los emperadores de las dinastías Ming y Quing, a nadie deja indiferente. Aunque la visita es obligada, lo cierto es que el conjunto de ocho mil construcciones de madera, sus más de nueve mil habitaciones, el calor insoportable del mes de agosto y una niña china colgada a mi brazo durante la mitad del trayecto mientras me besaba y abrazaba como si fuera su ídolo musical,... hicieron que el recorrido, aunque interesante, me pareciera bastante pesado y repetitivo.
Decidimos escaparnos un poco antes y visitar el Templo del Cielo, que era una de las excursiones que habíamos perdido el día anterior. Yo aconsejo a todo el mundo que viva la experiencia de montar en taxi en China. Conducen como locos, pitan todo el rato, pero son muy amables, divertidos y además es baratísimo (el taxista se pasó toda la tarde con nosotros por poco menos de 10€ al cambio). Nuestra decepción fue enorme al llegar al parque que alberga el monumento más simbólico de la ciudad, y ver que estaba totalmente cubierto de andamios, aunque al menos pudimos visitar los jardines que son bastante bonitos. Casi a contrarreloj conseguimos llegar a la ópera china donde nos esperaba el resto de compañeros del grupo. Para gustos los colores, pero después de una jornada agotadora de visitas a contrarreloj, lo último que nos apetecía era meternos en un teatro repleto de guiris escuchando a tres personajes dando gritos sin ton ni son. Sin duda, una experiencia para echar unas risas pero que culturalmente no comparto. Eso sí, lo que en realidad no tuvo desperdicio, fue la gran actuación de nuestro guía, que ni corto ni perezoso, nos deleitó con una “bella” ópera de regreso a nuestro hotel… no tengo palabras.
“Yo subí a la Gran Muralla China”, parece ser el slogan de la turística muralla. No es de extrañar que haya camisetas, diplomas y toda clase de souvenirs con esta frase, porque subir tiene su mérito. Los propios chinos reconocen que, la que es considerada una de las siete maravillas del mundo moderno, no se ve desde el espacio, sino que se trata de un “cuento chino”, pero he de decir que el abrupto paisaje que se observa desde allí, es absolutamente indescriptible.
Durante nuestra visita a Beijing también visitamos el Lamasterio Yonghe, un Hutong (barrio típico chino) al que yo recomiendo ir en tuk-tuk (bici-taxi) y por supuesto degustamos el pato laqueado (típico de la ciudad) que por cierto, nos sorprendió gratamente. Nuestra siguiente escala fue en Xian. Si alguien piensa que lo único que tiene esta ciudad son los famosos guerreros de terracota, se equivoca. Xian tiene un magnífico casco histórico con una Muralla conservada en perfectas condiciones, sobre la que se puede hacer un recorrido en tándem de 14 Kms. que yo aconsejo encarecidamente. Además tuvimos la oportunidad de ver una misa budista en La Pagoda de la Oca Silvestre, que nos llamó mucho la atención. También nos resultó muy curiosa la visita a una Mezquita, en el casco histórico de la ciudad. La combinación de los elementos arquitectónicos típicos musulmanes, con las construcciones típicas chinas, es más que pintoresca.
Además, en los alrededores, hay muchísimas tiendas donde pudimos comprar los deseados Guerreros de Terracota por 2€ c/u (del mismo tamaño que los que costaban 50€ c/u en el museo). Evidentemente la joya de la corona de la ciudad son Los Guerreros de Xian. El 29 de marzo de 1974, varios campesinos del pueblo de Siyang estaban haciendo un pozo al sur del pueblo, y en lugar de agua, encontraron pedazos de figuras rotas y algunas armas de bronce. Tras varios años de excavaciones y estudios arqueológicos, en octubre de 1979 se inauguró el que hoy es el museo in situ más grande de China. El ejército de terracota fue declarado en 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Lamentablemente, y a pesar de la espectacularidad del ejército de terracota, lo que sin duda recordamos de nuestra visita al museo, es mi encuentro con uno de los campesinos descubridores de las tumbas. Resulta que el señor en cuestión se encontraba firmando libros cuando a mi se me ocurrió la genial idea de tirarle una foto. No lo dudó ni por un segundo, se lió a darme golpes con un pai-pai, que asía con fuerza en su mano y me dejó con la boca abierta y la cara colorada,… “Viajar a China 2000€, comprar un guerrero 2€,… que el chino que descubrió las tumbas de los guerreros de terracota, te pegue una paliza con el pai-pai,… no tiene precio”.
Hoy me río, pero reconozco que flipé con la desproporcionada reacción…. Así que ya sabéis, ¡¡Cuidadito con las fotos!!. Los raviolis son uno de los platos típicos de la ciudad. Los probamos de muchas texturas y sabores, unos picantes, otros menos,... pero sin duda el que más nos gustó a todos fue el de Pollo con Cacahuetes.
Prosiguiendo nuestro camino, tomamos tierra en la ciudad de Guillin. Lo primero que nos sorprendió, al poco de aterrizar, fue el desmesurado gusto por las luces de neón de los lugareños y la tremenda humedad en el ambiente, que hacían el lugar prácticamente irrespirable. Sin embargo, creo que los cuatro coincidimos en que esta ciudad es la más bella de las que visitamos en China. A pesar de ser un recorrido excesivamente turístico, la travesía de 83 kms a través del Río Lijiang, que separa Guillin de Yangshuo, merece la pena y mucho. De hecho, no sólo nos mostró la belleza insuperable del paisaje y la amabilidad de las gentes de los pueblos a orillas del río sino que, una vez más, nos demostró que China es ese país de contrastes en el que de repente te encuentras a un campesino en su balsa de bambú, con su búfalo de agua pastando algas, hablando por el móvil de última generación.
La Colina Fubo, la Gruta de la Flauta de Caña, La Colina de la Trompa de Elefante son lugares de gran belleza que también merecen la visita. Merece la pena madrugar un poquito y darse un paseo por los parques para observar sus rituales de Tai Chi y folklore tradicional chino. No puedo olvidarme de una de los atractivos de la ciudad que, por lo curioso, también recomiendo. Se trata de la pesca con cormoranes. Un pescador a bordo de una balsa de bambú, le amarra una cuerda al cuello al cormorán, para impedir que éste se trague los peces que pesque. A priori resulta un poco cruel ver que el pobre pájaro desea ingerir el alimento, pero lo cierto es que consigue pescar muchísimos y tragarse otros tantos. Sin duda, fue una visita curiosa y muy divertida.
Cuando el explorador Marco Polo visitó Hangzhou a finales del s. XIII, dijo de ella que era “la ciudad más suntuosa y elegante del mundo”. No le faltaba razón en sus afirmaciones ya que la ciudad, situada a orillas del río Quiantang, cuenta con paisajes espectaculares como el del Lago del Oeste. El templo del Alma Perdida al oeste del lago, es de una belleza singular por estar ubicado en la ladera de una montaña, y contar con cientos de budas tallados en la roca. Hangzhou brinda la oportunidad al viajero de visitar las plantaciones de té, donde tuvimos la oportunidad de probar la que es poco menos que la bebida nacional (por cierto, yo creo que tiene un cierto regusto a espinacas y no me gustó demasiado). También es el lugar idóneo para degustar la serpiente, y realizar compritas en el mercado nocturno.
Nuestro viajecito culminaba en Shanghái. Situada en el delta del Río Yangtze, en la costa este de China, la ciudad es considerada el núcleo central de las finanzas y el comercio chinos, así como uno de los puertos más activos del mundo. La oposición de los modernos edificios del Bund y los de estilo tradicional son una muestra más del país de los contrastes. Las mejores vistas de los grandes edificios, se observan desde el Río Huangpu, del que parten mini cruceros nocturnos desde donde obtener espectaculares panorámicas de la Torre de Televisión Perla de Oriente o la Torre Jin- Mao que alberga en su interior el hotel Hyatt (impresionante desde el interior). En el centro histórico de la ciudad, se encuentran los Jardines Yuyuan y el Templo del Buda de Jade, que por supuesto también merecen la visita.
Como apasionados de las compras, no podíamos abandonar esta ciudad sin hacer una visita al Fashion Market. Se trata de un gran mercado de imitaciones donde pudimos encontrar todo tipo de mercancías. Tres años después de nuestra visita al país, Dani sigue conservando camisetas Nike, nuevas como el primer día (y eso que sólo nos costaron 3€ c/u). Tuvimos la oportunidad de hacer una mini escapada a Suzhou, una de las ciudades más famosas de China. Considerada por Marco Polo como la “Venecia asiática”, realmente es necesario pasear por sus calles para captar la verdadera esencia del país. Los mercados, los jardines, los canales,... todo respira ese aire oriental mezcla de especias, incienso y hedor insoportable. El jardín del Administrador Humilde, conjuga a la perfección la arquitectura china, mezclando roca, agua, pabellones y plantas.
Como apunte, comentar que el país deja entrever su reminiscencias comunistas y te das cuenta nada más llegar, que debes pagar ciertas “turistadas” creadas con el propósito de provocar al viajero para que compre en las tiendas estatales. Por ello, la agencia nos llevó a varias visitas no programadas como fábricas de cloisoné, de alfombras de seda, de perlas, de jade,… en fin,… aunque interesantes, la mayoría de las veces suponen una pérdida de tiempo, pero deduzco que es el “canon” que nos toca pagar,…
Con todo y eso, opino que China es uno de esos destinos imprescindibles en la senda del viajero, no sólo por lo afable de sus gentes y la belleza de sus paisajes, sino por el choque cultural y el contraste de civilizaciones, que se respira en cada una de sus calles. |
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