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Nueva Delhi
Escribe: Ignatia
De nuestro corresponsal en la India, Johny Caso Esperaba un auténtico caos nada más llegar a Nueva Delhi pero debo decir que la frenética actividad de la ciudad me decepcionó un poco. Tras...
Nueva Delhi
Nueva Delhi, India — jueves, 5 de junio de 2008
Esperaba un auténtico caos nada más llegar a Nueva Delhi pero debo decir que la frenética actividad de la ciudad me decepcionó un poco. Tras descansar mínimamente y en vista de que debido al bullicio y alaridos en general de los 13 millones de habitantes no podía pegar ojo por la mañana, me dediqué a pasear tranquilamente camino de la parte antigua de la ciudad.
En el intervalo, entre mi sopor y mi evidente desconocimiento de las más elementales reglas de tráfico para peatones (la vespa siempre tiene prioridad aún por la acera), me sorprendió que no me hubieran ventilado ya en múltiples ocasiones.
Alcancé Jama Masjid, la mezquita con mas aforo de la India (como para 25.000 pavos mirando a La Meca -sin risas-), construida por Shah Jahan, sobre el que volveremos más adelante. Desde el minarete se tenía una perspectiva fantástica sobre toda la ciudad, o al menos sobre lo que se dejaba entrever entre una formidable cortina de plomo y smog. Lo mejor fue retirarse a descansar al solillo con los locales en el fondo este, hasta ver aparecer corriendo a un Guardián de la Moral y el Orden Público, que con aspecto enajenado y blandiendo una vara de bambú, se dirigía a grandes zancadas hacia las alegres hindúes que tenía a mi vera. Ajá, pensé, estas van a tener un problema con sus saris, seguro. La sorpresa fue mayúscula, cuando pasando de ellas vino directamente a por mí, casi con espuma en la boca, señalando mis rodillas al sol, con evidentes signos de demonización. Libré por ser guiri, que si no me atiza fijo.
Como no estaba para mucho más después de aquello, volví paseando por un zoco que muy bien podría haber sido Marrakesh, de obviar los rostros de la peña. Muy chulo, totalmente medieval (incluido el "agua va"), y salpicado con delirantes dueños de enormes Royal Enfield pitando como locos a su paso.
Al día siguiente estaba como nuevo y decidí cambiar de aires. Intentar sacar un billete en una estación india puede ser complicado. En esta ocasión solo me llevó una hora de vueltas y revueltas (colándome como un perro en las colas), para conseguir la papela tras la que me lancé a la carrera al correspondiente andén. Más fácil escribirlo que recorrerlo, entre la multitud, los controles, los bultos, las vías...
Cuando bajaba por las escaleras hacia la platform 7 (my platform), el tren estaba en marcha. Como la peña se colgaba de las puertas y yo iba caliente con la carrera y hasta el culo de la estación, la verdad es que no lo pensé ni mucho ni poco y saltando grácilmente pillé un par de pasadores. Mi idea original era auparme y entrar en el vagón de los cojones. Pero una cosa es lo que se quiere y otra lo que se puede: toda la humanidad que estaba delante de mí en las escalerillas de la puerta estaba bloqueada por más humanidad y sus enseres en el pasillo del vagón.
Era físicamente imposible avanzar medio palmo.
Como quiera que yo llevaba la mochila de fotos en el pecho y la otra a la espalda, comencé a experimentar científicamente la fuerza gravitatoria unida al empuje de la masa humana que tenía delante que tenía un claro sentido negativo a mis intereses. A todo esto, habría que sumar que el convoy estaba ganando velocidad: saltar hacia atrás de espaldas a aquella velocidad no era recomendable. La situación se volvía complicada por momentos, porque los brazos empezaban a sentir tanto empuje y ... La suerte es que no era yo el único en aquella tesitura sino unas cuantas docenas de almas repartidos en 10 o 15 puertas. El espectáculo de aquellos racimos humanos que no iban ni palante ni patrás, debe conllevar un protocolo claro en las estaciones indias porque finalmente el convoy abortó su salida. Justo a tiempo!
Tras reubicarnos a codazos, bolsazos y pisotones, por fin estaba ubicado en el pasillo de un 2nd classs coach. No pude llegar a ver los asientos que estaban detrás de una mampara. Solo adiviné unos ventiladores parados en el techo. Mi universo se limitaba a 2 m2 de pasillo bloqueado por indios, sillas, sacos, maletas... Me sentí muy afortunado porque entre mi persona y el vano de la puerta (que no existía) había un par de sacos de grano, sobre los que me apoyé para ver el paisaje. Y de esta manera dejé Delhi camino de Agra.
Pero eso es otra historia...
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Calificación
2,74 estrellas de 5
2,74 puntos (1 votos) |
publicado el 5 de junio a las 00.24 |
Últimos comentarios
chilipeppers dice:
Me encantan las fotos de personas de otros países. Y tu relato gracioso y muy representativo del lugar.
Publicado el 6 de junio a las 06.54
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1
Nueva Delhi
Nueva Delhi, India | 5 de junio de 2008
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