
Emigre por los caminos de la vida-1
Guatemala | 0 comentarios.
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Emigre por los caminos de la vida--1
Yo emigre por los caminos de otros pueblos, a vivir en los corazones de diferentes pobladores que la vida suspiran, alla donde vive el horizonte.
Empezare hablando en lo que yo anhelé cuando las responsabilidades en mi no existían, solo las intenciones de crecer, pero en ese crecimiento fui poco a poco viendo una lagrima que se multiplica, como gotas aparecidas, humedad que pinta la distancia de rostros que viven con el fríjol y el trigo...
Cuando joven mis ojos siempre vieron hacia el Sur, pensaban en esas tierras lejanas llenas de incógnitas e historias que leía en viejos libros, o en revistas por alguien olvidadas, desperdigadas en peluquerías y oficinas de políticos influyentes. Fue donde encontré el vuelo del cóndor. Encontré la existencia de un Anastasio Somoza en Nicaragua. Cuantas veces vi fotos de Neruda el Poeta Comunista en abrazos con los Mineros del cobre en Chile. Cuantas veces admire fotos de Gauchos boleando pintos pajareros en las Pampas Argentinas.
Arregle mi pasaporte Internacional, pensando en el respecto de poder identificarme ante las autoridades de cualesquier otra nación. Siendo asi un 17 de octubre de 1961, salí en ese entonces con la intención de visitar la pobreza, abrazarme a los olvidados. Sentarme en los pueblos de la cordillera y ahí saborear los porotos con ají y el tradicional choclo. ( Frijoles, chile y maíz)
Empese a trazarme una ruta a través de toda la carretera Panamericana, una huella marcada en el cuerpo de la tierra, en mi imaginación forme un mapa que llevaría hasta el final de América, cosa fácil de planearla mas la verdad de caminarla, se transformo en una aventura donde los caminos eran pequeños infinitos, eran conciencias deslumbrantes de la vida, pero fue ahí donde mi marcha empese como quien dice por el resto de mis días.
Una primera patria extranjera que por vez primera fui visitante, la Republica de El Salvador, 70 quetzales era mi capital en el riesgo de esa aventura hacia las tierras del sur. Fue entonces cuando todo empezó en un viaje con lluvias y estrellas que abrieron el esplendor de la belleza, esa que la Madre Naturaleza, a pintado en los firmamentos de la tierra. Casi no conoci gentes que compartieran la ideología izquierdista, solo fui parte del cariño que en Cojutepeque se derramaba en los días de la feria. Tambien asi lleve conmigo el recuerdo del Carnaval de San Miguel, donde mis piernas se deleitaron bailando con unas lindas Guanacas, la música criolla de la famosa orquesta en ese tiempo y de nombre Polio Internacional. La verdad parece que tiempo no tuve para recoger los sentimientos del pueblo, mas si con migo me lleve, unas letra de Alberto Masferrer.
Mi marcha continuo y atravesé parte de Honduras, lugar donde lo único que puede admirar fue la Bahía de Amatique, de ahí llegue a Somotio, la primera frontera donde una verdad habría sus puertas a mi mirada, de curioso extranjero, hambriento de conocer lo que en las noticias a mi pueblo llegaba. No sé porque, pero cuando en la frontera encontré una artillería cuidada por soldados, me dije aquí la cosa es diferente, ahí vi el poderío militar por primera ves en mi vida. Total me identifique con mi pasaporte, me sellaron la entrada y proseguí mi camino hacia la próxima ciudad de nombre Somoto, En Somoto que creo haber dispensado unas cuatro horas, tiempo para conocer lo indispensable como lo es la iglesia principal, el palacio Municipal, el edificio de Gobierno, la plaza de armas o parque central etc.
Ahora bien en mi camino se apareció el pueblo del Poeta Rubén Darío, tuve el privilegio de entrar a su casa, pararme al lado de la vieja cama donde el poeta deleito sus sueños y asi mirar la mesa donde escribiera muchos de sus poemas. Si, fue ahí donde sentí el primer silencio contarme cosas de la vida... Decirme una ves mas existiremos, viviremos como una cicatriz. Partí y ahí se quedaron las letras del poeta, no sé pero presiento que se quedaron como viendo el momento de mi partida, el pasaporte de mi futuro: “ Juventud que te vas para no volver...
Dos días después llegue a Managua, recuerdo que era día sábado y un calor insoportable, en las ansias de calmar mi sed, decidí comprarme una agua fresca de piña, de esas que tienen en unos grandes jarros de barro y llenos de hielo, fría tan fría, que no cabe duda que tenia una muela picada, que en ese mismo momento se me destemplo y me empeso un dolor de la gran puta, que sentía que me moría, ahí ese mismo instante un Taxista Nico, tambien se refrescaba y al verme en el tormento de mi dolor decidió llevarme a la Cruz Roja, lugar donde llegamos y con tan mala suerte que el Dentista de turno se encontraba almorzando en su casa, pero de inmediato me llevaron en una ambulancia a su casa donde tenia su clínica privada y ahí se mi hizo la extracción. Cuanto fue el costo de todo esto, un apretón de manos a un vagabundo Chapín en su ruta hacia el sur.
Siempre escuche hablar de la Suiza de América, Costa Rica: ahí llegue buscando lo que me habían contado, pero ante mi mirada nada encontraba, nomás aquella belleza que se pinta en cualesquier lugar que los ojos busquen, y se regalen de encantos pintados en los flancos de las sierras, tambien esos dos mares que besan de brisas sus palmeras que solas bailan en los cantos del viento, con ecos en los coros que llegan de las olas que habitan el mundo de las espumas blancas. Punta Arenas me acogió al ver el rumbo de mi marcha, fueron copas varias que brindamos con buenos Ticos me acogieron con platillos exquisitos, querían dejar en mi memoria el ayer de un cariño que venia tibio como las brumas y sincero como la sonrisa del alma, pidieron al Señor de las Alturas por su bendición en mi camino, y hasta ahora siempre les recuerdo con un gracias que florece en el pueblo de mis sentimientos.
Llegue a San José de Costa Rica, y bien recuerdo que solo 47 Drs. me quedaban de fortuna, era no mucho lo que había gastado, ya que hasta ahora cuando la gente me veía con mi mochila en la espalda, donde portaba mi petate, una jarrilla, un pequeño sartén y mi posillo de peltre para mi cotidiano café, la curiosidad les hacia acercase a mí y preguntarme: Hombre de donde vienes, a donde vas con esa mochila que llevas atrás? Muchos me abrieron sus brazos otorgándome ayuda a mi paso por las tierras de ellos. Yo casi siempre dormia por lo regular en los Cuerpos de Bomberos, donde fui tratado a la maravilla por muchos de los países que encontré en mi camino. En San José, viendo mis necesidades de hombre salí de parranda, me hospedaba en el cuerpo de Bomberos, asi que no era problema mi regreso en la noche, luego conoci unos muchachos de ideas bastante izquierdistas, con los cuales tuvimos el deleite de una buena platica acompañada de cervezas, teniendo un final el haber terminado en una casa de putas, de las que yo nunca había visto en mi vida.
Partí de la capital Tica, con rumbo a Panamá, mi mapa me indicaba que tenia que entrar por un lugar llamado Golfito, tierras bajo el poder explotador de las compañías del banano United Fruit Company y en la Provincia de Chiriqui.
Ahora en el momento en que escribo estas letras que pintan algo de mi historia, me hace recordar que fue cruzando la frontera Costa Rica, Panamá, donde empeso lo duro de mi aventura, los dineros empezaron a desaparecer, y los caminos que seguían ya eran cada ves mas lejanos de la tierra... Continuara.
Sal Troccoli |
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