Asia y Europa están enlazadas, unidas por caminos que van de un continente hacia otro, pasando por pueblos, paisajes, cuidades... Un viaje por tierra nunca es fácil, mucho menos si es a bordo de una bicicleta y menos aún si se intenta atravesar dos continentes, sobreviviendo –en parte– gracias a la amabilidad de la gente de cada destino.
Andoni y Alice son personas peculiares. Han tomado una decisión y ahora, a más de la mitad del camino, no pueden echarse atrás. Acompáñalos en su aventura asiática.
Kashgar (03/07/05) y The Xingjian-Tibet highway
Cuando llegaron a China viajar directo a Kashgar: una ciudad moderna y cosmopolita donde la gran mayoría de su población son Uyghurs, de la misma familia que los habitantes de Azerbaiján e incluso de Turquía. En su tiempo supo ser una ciudad importante por estar en un punto estratégico de la ruta de la seda. Allí nuestros viajeros conocieron a otros aventureros a pedal que estaban recorriendo la ruta de la seda.
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Luego de diez días de descanso y buena alimentación, entraron en la ruta rumbo al Tíbet. Pasaron los primeros puertos de altura sin problemas, sobre todo porque la ruta estaba muy bien asfaltada. El ritmo de subida se fue poniendo lento a medida que ascendían, los ríos fueron ganando en tamaño y peligro –muchas veces cortaban las rutas- y había que esperar a que bajaran el caudal.
El paisaje, lleno de subidas y bajadas y con un clima seco y sin árboles, se fue haciendo monótono. Más tarde, Andoni y Alice se encontraron con un par de ciclo-viajeros que los acompañaron en un trecho del camino. Después de pasar por varios puertos y paradores pequeñísimos donde se detenían a comer, llegaron a la región de Askin Chin, entre la provincia musulmana de Xinjiang y Tíbet, en un altiplano. La ruta que la atraviesa se encuentra a una altura de más de 5,000 metros a través de 200 kilómetros. Esta es la ruta más alta del mundo en continuidad. Después de este gran sendero, tomaron otra ruta de tierra... donde se quedaron sin agua. Por esas casualidadades, se cruzaron con un cowboy militar que les dio agua, galletas y hasta latas de conserva.
Tíbet (31 julio -22/09/05)
Cruzando un puerto de 5,410 mts. llegaron al Tíbet. A los 10 km. pisaron por fin Sumxi, un pueblito muy sucio y pequeño, con una tienda en donde todo estaba carísimo –Andoni discutió por más de una hora los precios y al final no compraron nada–. Se fueron por fin y empezaron a subir el puerto más alto (5,455 mts) de la ruta Xinjiang-Tíbet y quizás del viaje. Como de costumbre, en lo alto no había una vista decente ¡Todo un chasco!
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A pesar de que la carretera era llana, estaba en muy malas condiciones: piedras, arena, gravilla y lo peor: su forma ondulada. Al mediodía pasaron por Domer, pero antes tuvieron que pasar por un check-point vacío, ¡Menos mal, porque ninguno tenía el permiso para estar en el Tíbet occidental!
En varios pueblos de frontera –esta región limita con India– hay monasterios donde se pueden hacer peregrinajes. En uno de los pueblos preguntaron cuánto costaba hacerlo: les quisieron cobrar 110 euros por recorrer 15 km. Decidieron seguir rodando con las bicis rumbo al siguiente pueblo. Ya en mitad de la ruta hasta Katmandú se subieron a un camión. El camino era demasiado difícil y monótono, por lo que se ahorraron un día de viaje haciendo 50 km.
En Saga descansaron un día. La ciudad no era gran cosa y estaba en construcción. Tomaron el atajo que iba por el sur hacia Nepal. Por fin el paisaje se embelleció, con un tono más salvaje y verde. Subieron bien el primer puerto, pero el segundo fue peor. Al principio era imposible ir sobre la bicicleta, la pendiente era muy inclinada y las piedras eran demasiadas y bastante grandes como para poder mantener el equilibrio. De los cinco kilómetros de subida, dos los tuvieron que hacer a pie. Era el último puerto antes de llegar a la Friendship Highway y eso les dio ánimos. Finalmente vieron el Himalaya de cerca y el Xixapangma (8,013 mts). La alegría era enorme. Por varios kilómetros rodaron junto al lago Psiku hasta acampar con vistas al monte Xixapangma. Una etapa increíble.
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Faltaba una subida más y después... la gran bajada. Al llegar a este punto, ambos cicloturistas se pusieron a llorar de pensar que por fin habían superado la gran carretera de montaña más alta del mundo.
El día 27 de agosto fue inolvidable, único en el viaje. De estar en el desértico altiplano tibetano en cuestión de horas pasaron a un clima alpino y luego... tropical! El escenario iba transformándose en cada metro descendido: plantas, flores, árboles, todo estaba verde con miles de insectos y pájaros cantando. Fue un cambio impresionante, radical. Se les caían las lágrimas de la alegría de ver tanta vegetación y vida.
Finalmente durmieron en el último pueblo de Tíbet, Zhangmu (2380 mts), donde pudieron cambiar dinero y dejar el país sin ningún problema.
Al siguiente día... ¡La carretera estaba asfaltada! Al atardecer llegaron al punto más bajo de esta etapa; Dolalghat (660 mts) ¡Increíble! En 150 kilómetros descendieron nada menos que 4460 metros (5120 a 660 metros), siendo el descenso en carretera más grande del mundo.
Después comenzaron una subida durante 27 km. sin parar hasta por fin llegar a la mística Katmandú.
La ciudad mágica (29/08/05)
Katmandú es una ciudad mágica, como perdida en el tiempo. A pesar de estar muy contaminada por el turismo masivo y los intentos de venta casi constante de los habitantes, Andoni y Alice descansaron durante 20 días en esta ciudad, visitando templos y disfrutando de festivales tradicionales, casi siempre religiosos. Todos los días había manifestaciones "pro-democracia", para tener el derecho a unas elecciones dignas. Muchas veces la policía reprimía con gases a los manifestantes, sobre todo cuando eran los estudiantes quienes protestaban.
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Finalmente salieron de la ciudad muy aturdidos: todos los medios de transporte tocan bocina por cualquier motivo y el que tiene la bocina más potente es el que gana el paso... Finalmente llegaron a Malekhu donde los invitaron a acampar en la terraza interior del restaurante donde cenaron.
Al día siguiente, Andoni tenía fiebre y dolor de estómago... tomaron un bus a mitad de camino de Pokhara y allí reposó por un día (era necesario debido al parásito que Andoni tenía en el estómago). Siguieron penosamente el camino con mucho calor rumbo a climas más suaves.
Rumbo a la India (30/09/05)
Llegando a la India, el terreno se hizo llano. Se dice que los indios pueden acabar con la paciencia de un santo y estos ciclo-viajeros lo vivieron en carne propia. En tan sólo cuarenta y ocho horas en la India acabaron con la de ellos. Antes de ir a la India habían escuchado las opiniones de otros viajeros, casi todos terminaban con la misma conclusión: " La India: la amaras o la odiaras."
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Así entraron en el país que mucha gente lo describe como "único y especial".
El primer destino fue Varanasi, la ciudad de Shiva. Antes pedalearon durante cinco días por una zona fea y muy poblada. Varanasi –también conocida como Benares– es quizás la ciudad más sagrada de la India y unos de los lugares más importante de peregrinaje; tanto así que todo hindú va aunque sea una vez en su vida a bañarse en las aguas del río sagrado: el Ganges. Lo más interesante de Varanasi para Andoni y Alice fueron los Gata, lugar donde los hindúes se bañan, dan ofrendas, rezan, meditan, hacen rituales, practican el yoga e incluso se afeitan. El ambiente es bonito y uno puede tirarse horas observando los rituales y actividades.
Siguieron rumbo a Khajuraho, esta vez en tren porque el tráfico y la cantidad de gente agotaban y estresaban mucho. En Khajuraho visitaron los antiguos templos del siglo IX de arquitectura fina. Las figuras en los templos estaban muy detalladas con dioses, mujeres, músicos y sus famosas figuras eróticas.
Siguieron por las rutas en bici y cruzando ciudades con mucha polución hasta llegar a Agra. Agra es sinónimo de Taj Mahal, el monumento emblemático de la India. El mausoleo (siglo XVII) fue impresionante a la vista de Andoni y Alice. Su forma, el color blanco del mármol –cambiando de tonalidad según el sol se eleva– y la bruma del río que aparece por detrás, lo convierten en un lugar mágico. Uno puede tirarse horas contemplado el Taj Mahal, eso es un hecho.
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En Agra visitaron el estado de Rajasthán en tren, dejaron con tristeza las bicicletas en la pensión ya que el tráfico era extremo. En Jaipur llegaron para las fiestas de Diwali: el festival de las luces y el nuevo año hindú. De ahí directamente hasta Jaisalmer, cerca de la frontera con Pakistán. Antes de llegar, el desierto de Thar les dio la bienvenida con una gran polvareda. Jaisalmer es una ciudad romántica y mágica. Sus finos palacios de color miel y la fortaleza todavía habitada, la convierten en un lugar de sueños.
De allí rumbo al sur, nuevamente en tren, hasta la región de Goa. Pero al llegar la desilusión fue importante: de ser un paraíso hippie en los 60 pasó a ser un territorio de hoteles de lujo y playas para los jóvenes que gustan de las raves nocturnas y clandestinas con un espíritu muy lejano al hippismo.
Finalmente encontraron una playa sin turistas en la localidad de Gokarna, donde por fin descansaron por tres semanas. Los días pasaron entre caminatas por las playas y charlas con gentes de todo tipo.
Ya era hora de ir a Hampi, un bonito afloramiento de rocas y aunque se lo habían vendido como la octava maravilla del mundo, no era para tanto. Hampi fue un lugar turístico. Aparte de los típicos turistas que visitaban Goa o el sur del país, estaban los que hacían el peregrinaje del hachís. En la India existen varios santuarios para estar fumado las 24 horas del día: Manali, Manikaran (Himach Pradesh), Puri (Orissa), Kovalam (Kerala), Gorkarna (Karnataka) y las playas de Goa.
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En India desayunaron siempre lo mismo, café con leche y un Masala Dossai o un Puri. En Renigunta no fue la excepción, pero cuando fueron a pagar, el chico les quiso cobrar el doble. En la India siempre intentan cobrar más a los occidentales, pero esta vez Andoni no discutió, simplemente se fue sin pagar. A los cinco minutos el señor los alcanzó en motocicleta. Entonces Andoni le dijo que pagaba el precio justo o nada, y así el otro se marchó con el pago real y no el que habían inventado.
Finalmente para Navidad llegaron los padres de Alice. Pasaron con ellos unos días en un hotel y se tomaron un tiempo para hacer trekking por la zona de cultivo de té. Ya en año nuevo, los padres se fueron y ellos por primera vez tomaron un avión rumbo a Bangkok (Tailandia).
Por Tailandia y Laos
Durante una semana estuvieron entre los enormes edificios de la capital, fascinados con la arquitectura contemporánea. Bangkok es una ciudad trepidante, moderna e innovadora. Allí pudieron poner a punto las bicicletas y seguir camino rumbo a Phanom Sarakham. Pero antes tuvieron que superar el laberinto de carreteras y rutas. Finalmente se encontraron localizados en el mapa y sabían qué carretera tenían que tomar para ir hacia el Parque Natural de Khao Yai. En el parque –que supuestamente está lleno de elefantes, aunque en todo un día y una noche no vieron ninguno– el ruido incesante de motores y turistas alejan a los animales y así es como se pierden el contacto con ejemplares del lugar.
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Al día siguiente pararon en un monasterio donde pudieron ducharse y dormir en camas. Ya alejados de las grandes urbes, pararon bajo un pequeño techo en medio de un campo de arroz. Pasaron la noche viendo las estrellas sin más ruidos que el de los bichos. Siguieron camino, pasando por Dan Sai, donde una vez más un monje los alojó en su monasterio. Al día siguieron pasaron por el río Huang, una línea divisoria entre Tailandia y Laos, pedaleando en un valle cerrado, con una vegetación seca y muchos árboles casi sin hojas. Al ver que no llegaban, pararon una hora antes en una caseta junto al río.
Llegaron a Chiang Khan al mediodía, cuando el sol ya pegaba fuerte. Pararon en una apacible pensión de madera, con vistas al río Mekong y se quedaron un día más. El lugar era muy tranquilo, con sus casas tradicionales de madera. Al día siguiente salieron con muchas energías y eso les permitió cruzar la frontera y llegar por fin a Laos.
En la capital de Laos pasaron rápido. Era una ciudad pequeña y en desarrollo. Les tomó cuatro días arribar a Luang Prabang, la antigua capital del reino de Lan Xang y la ciudad más visitada de Laos. El primer día fue el más fácil, el trayecto era semi-llano. Fue el único día que acamparon por libre. Como en Tailandia, utilizaron un cobijo de los muchos que había en los campos de arroz. La cuidad museo de Luang Prabang es un lugar bello y apacible que posa a la orilla del río Mekong. Por todas las calles hay casas coloniales de color ocre, con un estilo arquitectónico franco-indochino y cientos de palmeras. Lo más atractivo son los restaurados templos con sus fachadas doradas y tejados granate. De allí pedalearon fuerte y en tres días ya estaban nuevamente en China.
China (julio 2006)
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Cruzaron el país rumbo a su capital –Beijing– entre ríos largos, valles repletos de terrazas de arroz y cadenas montañosas que felizmente contaban con túneles para cruzarlas. La barrera idiomática varias veces complicó las cosas y más aún cuando querían conseguir un buen precio. Muchas veces el regateo los cansaba y Andoni y Alice paraban al costado de la ruta. Además en las ciudades pocas veces aceptaban alojar a extranjeros y finalmente encontraban mejor cobijo en los pequeños pueblos. En Xinjian –la antigua capital china– conocieron a los guerreros de terracota, famosísimos en el mundo, pero fuera de eso era una ciudad normal.
Por fin, luego de pasar por llanuras extensas entre pueblos y ciudades muy poblados y ver cómo de a poco la occidentalización entra en las grandes urbes, llegaron a Beijing. Andoni y Alice se emocionaron mucho al llegar a la plaza de Tian''''''''anmen, que además de ser la más grande del mundo y de tener el gran mural con la cara de Mao y su mausoleo en el centro, fue el lugar donde más de un millón de chinos estudiantes, obreros e intelectuales se manifestaron en contra de la burocracia, la corrupción del gobierno y a favor de una “democracia”. Deng Xiaoping ordenó al ejército disparar a sangre fría a los manifestantes, miles de chinos murieron y decenas de millar fueron heridos. Hoy día el gobierno chino sigue sin reconocerlo.
Las visitas al Beijing histórico fueron una decepción, sobre todo el Palacio de Verano y el Imperial (también conocido como la Ciudad Prohibida). Los chinos no tienen mucho gusto para restaurar los edificios históricos, ni siquiera utilizan el mismo material que utilizaron sus antepasados. El próximo paso era la Gran Muralla, pero la constante niebla no permitía verla, por lo que partieron al puerto de Tanggu para tomar el barco e ir al País del Sol Naciente… Japón. |