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Québec: un trozo de Francia en Canadá
Québec se ubica al este de Canadá. Es su provincia más extensa y también la más interesante. A pesar de encontrarse en Norteamérica, todo en Québec nos transporta a Francia, desde sus ciudades con aire parisino y sus pequeños pueblos, hasta la cultura de los québécoises. Además de encantarnos con sus aires románticos, Québec sorprende en todo su territorio desde los escenarios naturales. Conoce esta mítica región canadiense y sus principales atractivos turísticos.
Québec: un trozo de Francia en Canadá

Montreal es una ciudad cosmopolita de más de tres millones de habitantes. Cada uno de sus barrios alberga un país lo que da la impresión de que la ciudad está hecha de retazos: por aquí una calle de Londres, con sus casas de dos pisos y escaleras de hierro, o la calle Clarks, eje del barrio chino, de almacenes y tiendas de productos asiáticos. En el Viejo Montreal, mirando al río se puede ver la réplica del Hotel de Ville de Paris, y la plaza Jacques Cartier adonde se llega recorriendo callecitas estrechas con aire parisino.

Montreal ofrece las mil atracciones de las grandes ciudades del mundo, con una riqueza turística aprovechable de mayo a octubre, debido al intenso frío invernal que impide las actividades al aire libre durante la otra mitad del año. Sin embargo, durante el verano la ciudad vibra al ritmo de sus manifestaciones culturales incesantes, jazz, humor, canciones, cine, fuegos artificiales y un sin fin de actividades que generan un amplio itinerario con actividades para todos los gustos.

Québec: un trozo de Francia en Canadá
 

El primer contacto con Montreal impresiona por su falta de armonía ¿Dónde estamos? ¿En Europa, en América?
¿Hablamos en inglés o en francés? Poco a poco, la amabilidad de su gente, sus cafecitos en la vereda, sus calles comerciales que no tienen nada que envidiarle a las de Chicago, Nueva York o Paris, sus múltiples opciones de Museos de Arte, y su afrancesada y refinada cocina, atrapan al visitante como cualquier gran ciudad del mundo.

Recorriendo Montreal

Los montrealeses tienen, como los parisinos y neoyorquinos, su gran área verde para esparcimiento: el Mont Royal, desde cuya altura se divisa la ciudad entera, mientras que en una de sus laderas, se eleva el oratorio de Saint- Joseph, lugar de peregrinaje.

El visitante que quiera disfrutar de una ciudad cosmopolita de dimensiones humanas, cordial y activa, puede empezar la mañana haciendo footing en la rue de la Commune, al borde del Río Saint Laurent, o por algunos de los senderos del puerto. Allí mismo, en el Puente Jacques Cartier, se puede tomar un bateau-mouche que en una hora y media de recorrido ofrece otra perspectiva de la ciudad. Al regreso, partiendo de la place Jacques Cartier, recorriendo la rue Saint-Paul, callecita encantadora del viejo Montreal, se llega a la Place des Armes, donde luce majestuosa la Basílica de Notre-Dame de estilo neo-gótico. Varios museos atraen la atención de los turistas que deseen conocer a fondo la historia de esta ciudad y de su región. Los más importantes y completos son el Museo Pointe-à –Caillère y el Centro de Historia de Montreal, con colecciones muy interesantes de obras y fotografías para apreciar el arte y la cultura de la ciudad, desde su pasado hasta el presente.

Québec: un trozo de Francia en Canadá
 

A esta altura, ya con hambre, se puede hacer un alto en alguno de los cafés que bordean la rue Sainte-Catherine, eje comercial y dinámico de la ciudad que actúa también como un eje que divide parcialmente la zona mayoritariamente francoparlante con la otra, angloparlante. Si llueve o hace frío, se puede entrar en una de las torres de acceso a la ciudad subterránea, conformada por una serie de galerías plagadas de comercios y centros de entretenimiento que son un refugio durante el largo y crudo invierno. Con sensaciones térmicas que rondan los 40 grados bajo cero, los montrealeses viven bajo tierra de diciembre a abril. Así, toda la ciudad se ha adaptado a vivir bajo tierra, evitando salir a la superficie durante la estación estival. Por el metro, se accede a la oficina, al hotel, al banco, al club, sin tener necesidad de asomar la nariz al exterior y correr el riesgo de congelarse.

Luego del almuerzo se impone una visita a la Place des Arts, el centro cultural más importante de Montreal donde se presentan las mejores obras de teatro, espectáculos de danza, ópera y comedias musicales. Al lado, el Museo de Arte Contemporáneo nos convida a una espléndida fiesta de artistas quèbecois, canadienses e internacionales. Desde marzo de 1981, el gobierno dedica el 1% del presupuesto de la construcción, a la compra de obras de arte, con el doble objetivo de promover a los artistas de Québec e incorporar el arte al medio ambiente y la arquitectura.

De noche se puede saborear una cena en la Place Jacques Cartier, en alguno de sus simpáticos restaurantes con patios internos, animados con música, o visitar la rue Crescent. Estas son las mejores opciones después de una jornada intensa. Para quienes quieran conocer más a fondo la historia de esta ciudad, su pasado francés y anglosajón, que lucha por su soberanía, una visita al Museo Pointe à Caillère en el viejo puerto puede ser muy ilustrativa.

Parque Olímpico y espacios verdes de Montreal

Uno de los sitios que el visitante no puede perderse es el barrio del Parque Olímpico, al este de la ciudad. Montreal fue huésped de los juegos Olímpicos en 1976 y atrae la atención con su inmenso estadio cuyo mástil es hoy emblema de la ciudad. En ese sector se puede recorrer el Biodome, donde cohabitan la fauna y la flora de la selva tropical, del bosque de los montes Laurentinos, del medio ambiente marino del San Lorenzo y el mundo polar. Es un espacio dedicado a la naturaleza y un gran pulmón para esta ciudad que se empeña en mantener una atmósfera ligada al medio ambiente.

Québec: un trozo de Francia en Canadá
 

Frente al parque se encuentra el Jardín Botánico, segundo del mundo en importancia, donde se exhibe una colección de 22 mil especies de plantas. En su interior, una de las cosas que más llaman la atención es el insectarium, institución dedicada al mundo de los insectos cuyo rol es esencial para el equilibrio ecológico del planeta. También cuenta con jardines chinos y japoneses. Recorrer estas exposiciones permanentes puede llevar más de 3 días.

La sociedad québécois, su lengua y su cultura

Lo más llamativo y encantador de Montreal es el bilingüismo: la gente habla inglés y francés corrientemente.
El primer abordaje es en francés; luego, si el interlocutor lo requiere, pasan al inglés de forma natural, como si no se dieran cuenta del cambio. De hecho, las conversaciones cotidianas tienen ese ir y venir de una lengua a la otra. Esto es el fruto de una cuidadosa y planificada política para imponer y preservar la lengua francesa que luego de la exitosa colonización anglosajona, fue siendo desplazada por el inglés.

A partir de los años 60, en lo que se ha llamado “La Rèvolution tranquille”, Québec se fue afirmando como sociedad, por una toma de conciencia política que se produjo gracias a la nacionalización de la electricidad y la modernización de su sistema educativo, antes responsabilidad del clero. A partir de ese momento se impuso la reglamentación del uso del francés y el establecimiento de las relaciones con la francofonía mundial. Hoy en Québec se habla québécois, un francés con expresiones, pronunciación y palabras propias de la región, algunas del viejo francés, otras sacadas del inglés y muchas propias del pueblo.

Québec: capital del estado

No se podrás decir que has visitado Québec si además de Montreal no has conocido la única ciudad fortificada del continente y capital de la región. Colgada sobre un promontorio que domina el Río San Lorenzo, Québec es la cuna de la civilización francesa en América del Norte, puerto marítimo de gran movimiento, ciudad pintoresca y encantadora y una verdadera joya histórica.

El 1608, Samuel de Champlain estableció un puesto de comercio de pieles al pie de esta fortaleza natural. Mientras las instituciones religiosas y políticas se instalaban en la parte superior de la ciudad, los comerciantes y los artesanos ocupaban la parte baja, al borde del río. Finalmente en 1759, la ciudad fue tomada por los ingleses, pasando la Nueva Francia a la Corona de Inglaterra. La colonización no llegó a ser absoluta, llegándose a preservar rasgos de la cultura francesa, entre ellos su idioma: hoy el inglés se habla solo en el ámbito turístico, para el resto de las actividades, el francés es la lengua oficial.

Québec: un trozo de Francia en Canadá
 

Para movilizarse desde Montreal hasta Quebec se puede utilizar la red de trenes, con modernos transportes en un viaje que no supera las 3 horas, atravesando llanuras verdes salpicadas de bosques. Una vez allí, lo ideal es alojarse en la ciudad vieja, dentro de las murallas, en alguno de lo pequeños y encantadores hoteles familiares que abundan en Québec y recorrer las estrechas callecitas empedradas a pie.

En la Place d’Armes, centro turístico de la ciudad, se erige el Hotel Chateau Frontenac. Adornado con torres y aguilones de inspiración medieval, es el edificio más conocido de la ciudad y fue construido especialmente en 1892 por la compañía de transportes ferroviarios Canadian Pacific. A los pies del Castillo, detrás del Monumento a Champlain, comienza la Terraza Dufferin, largo paseo suspendido entre el río y el cielo, con una magnífica vista sobre la ciudad baja, y la isla de Orleáns. En auricular desde esta terraza, o bajando una empinada escalera, se llega a hasta la ciudad baja, animado barrio alrededor de la Place Royale, con casas de piedra de dos pisos y techos de pizarra, que son hoy restaurantes, cafés y tiendas de artesanías.

La iglesia Notre-Dame des Victoires es la iglesia de piedra más antigua de América del Norte. A pocos metros de allí, Le fresque des Québécois es un inmenso trompe-l’oeil que recrea 400 años de historia. Para conocer más a fondo la historia de este pueblo, es muy interesante visitar el Museo de la Civilización, que posee exposiciones interactivas ilustrando con nostalgia la vida de los franceses con su llegada a Canadá hace más de 4 siglos, y su lucha para adaptarse, crear, innovar y construir una nueva vida en una tierra desconocida.

Provincia de Québec: conociendo sus pueblos y maravillas naturales

Además de su capital, la provincia de Québec tiene otras atracciones que el visitante puede recorrer en varios días. Las opciones son muchas; una de ellas es la región de Charlevoix, cuyos paisajes sedujeron a pintores, artistas, poetas, escritores y músicos de todas partes. El carácter extravagante del paisaje montañoso de Charlevoix es debido al impacto causado por un meteorito de 15 millares de toneladas hace 350 millones de años. Las montañas caen como cascadas en las aguas saladas del río San Lorenzo, mientras se tiene la vista de los pequeños y coquetos pueblitos que se extienden en sus flancos.

Esta región posee una larga tradición turística, y numerosas opciones de alojamiento, desde pequeños hoteles o pensiones familiares, hasta el Manoir Richelieu, hotel-casino de 250 habitaciones al borde del río San Lorenzo, en la cima de un acantilado. Para llegar a él, los visitantes se desplazaban en lujosos barcos a vapor, en un exótico y romántico viaje. Sin embargo, no es el único paseo que puede realizarse. Existe un bonito recorrido por el Fiordo de Saguenay, a 70 km. de la Malbaie, donde la marea baja deja al descubierto las riberas del río y la niebla matinal no deja ver la orilla de enfrente. Bosques de robles, atravesados por pequeños torrentes, pinos, abetos, cedros caen en picada hacia el río. Entre la mata verde de los bosques se asoman manchas rojizas de algunos de los árboles que precozmente han comenzado a teñirse.

Québec: un trozo de Francia en Canadá
 

Atravesando montañas y valles, se llega a l`Anse Saint-Jean, pintoresco pueblito de pescadores, al borde del río Sanguenay, desde donde parten cruceros que recorren en una hora el espectacular fiordo. En la confluencia del río Saguenay y el río San Lorenzo, donde se mezclan las aguas dulces y saladas, se pueden observar más de 6 especies de ballenas migratorias, que durante todo el año suelen retozar y acompañar los paseos de las lanchas que recorren el fiordo. Mientras el crucero se interna en el río, un guía relata, en inglés y francés, la naturaleza del fiordo y características especiales del lugar. Si te has conmovido ante la imponente naturaleza de este paisaje, no podrás dejar de visitar el Parque Nacional del Saguenay y el Parque Marino, completando este paseo informativo. L`Anse Saint-Jean, con su iglesia de piedra y sus casitas de techos de colores, está considerado uno de los más bonitos pueblos de Québec, incluyendo entre sus dominios, un puente cubierto que cruza el río.

Recorrer esta provincia, parar en sus encantadores pueblitos, entrar en alguno de los almacenes de comidas regionales cuando el hambre aprieta, detenerse a conversar con alguno de sus moradores con acento québécois, difícil para los oídos acostumbrados al francés de Francia, y saborear una rica comida regional en unos de los tantos restaurantes artesanales de la ruta, es parte de un recorrido completo por la provincia y una experiencia de lo más recomendable para los viajeros que aman la naturaleza y la tranquilidad.


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