Diarios de viaje > El Mundo > Europa > España > Madrid > Diario de viajes
Recorriendo las calles de Madrid (Parte I)
Escribe: mariposadefuego
Desde la puerta del sol, el centro actual de la ciudad, pasando por el Palacio Real, famoso por su lujo y sus habitantes, y cruzando el viaducto y los imponentes parques, la capital de España ofrece caminos y lugares para todos los gustos e inquietudes. Recorre las antiguas y renovadas calles de una ciudad con todo.
Recorriendo las calles de Madrid (Parte I)
Madrid, España — domingo, 19 de marzo de 2006
Puerta del Sol
La puerta del Sol, el epicentro del Madrid actual, bulle de gente a todas horas del día y de la noche porque en ella se celebran los grandes acontecimientos de la capital. El kilómetro «cero» del Estado se convirtió en escenario de la vida madrileña a partir de 1808 con las manifestaciones contra Murat y la valerosa proclama contra la invasión francesa.
En el corazón comercial de Madrid la puerta del Sol recibe riadas de gente que aportan las diez calles que a ella desembocan: Mayor, Arenal, Preciados (peatonal), Carmen (peatonal), Montera, Carretas (en ambas suelen agruparse algunas prostitutas), Alcalá, carrera de San Jerónimo, Espoz y Mina, y Correo.
Los orígenes de esta plaza son antiquísimos. Se sabe que en 1478 se alzaba una puerta del Sol en el mismo lugar que la actual. El nombre, según opinión de muchos autores, deriva de su orientación hacia el este. Sin embargo, León Pinelo señala que en 1520 con «ocasión de las Comunidades, para asegurarse esta villa de los bandoleros y comuneros que infectaban la tierra, hizó un foso por la parte en que hoy está el hospital de la Corte y fabricó allí un castillo que por estar al oriente, o porque fue voluntad del que ordenó la obra se pintó un sol encima de la puerta que servía de entrada al común de Madrid por aquella parte». La primera descripción de la puerta del Sol data de 1539 con ocasión del derribo de la antigua para sustituirla por una nueva. Esta puerta no tenía carácter monumental sino defensivo y se alzó con ladrillo y cal con la parte superior rematada por seis almenas.
El edificio central de la plaza lo ocupa la antigua casa de Correos construida en 1768 por el arquitecto francés Jacques Marquet, académico y director honorario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que llegó a España de la mano de los duques de Alba para quienes construyó el palacio de Piedrahita y más tarde trabajó en el palacio de Aranjuez. El proyecto original de Marquet sufrió algunos retoques por parte del conde Aranda al habilitar una parte del edificio como cuartel de una guardia de prevención.
El edificio presenta planta rectangular con dos patios porticados de granito. La fachada principal, recorrida por un zócalo de granito, se ordena en cinco cuerpos simétricos. En el central, con almohadillados de piedra caliza, se abre la puerta principal con arco de medio punto y un medallón de Hércules. Sobre ella aparece un balcón volado sostenido por cuatro grandes ménsulas de cabeza de león. La cornisa la remata un frontón triangular con el escudo real, obra de Antonio Primo.
Sin embargo, la parte más emblemática del edificio es el reloj que durante muchos años sirvió para establecer la hora oficial del país y desde el siglo XIX congrega, cada 31 de diciembre, a miles de madrileños para celebrar el cambio de año. Al derribarse la iglesia del Buen Suceso su reloj se instaló en la fachada de la casa de Correos. Más tarde, en 1866, se sustituyó por el actual obsequio del relojero Losada, y se alzó el templete sobre el frontón que cobija la bola que desciende al cumplirse las doce campanadas del fin de año.
En 1847 el edificio dejó de prestar servicio como casa de Correos y pasó a manos del Ministerio del Interior. Durante el franquismo albergó a la Dirección General de Seguridad por cuyos calabozos pasaron muchos demócratas y, en la actualidad, acoge a la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Teatro Real
El teatro Real, o teatro de la Opera, data de 1850 cuando se completaron las obras iniciadas en 1818. Inaugurado el 19 de noviembre de 1850, con una representación de la ópera La favorita, de Donizeti, presenta un estilo clásico, de arquitectura un tanto fría cuyas líneas exteriores dejan indiferente a quien las contempla. Los planos originales corresponden al arquitecto Aguado.
El teatro se cerró por problemas de cimentación y en 1965 se transformó en auditorio de música. Tras una serie de polémicas obras de restauración en 1997 se reinauguró como teatro de la ópera.
Plaza de Oriente
La plaza más grande de Madrid se extiende a lo largo de 280 metros desde la calle San Quintín a la de Requena; y 200 desde la fachada del teatro Real al palacio Real. La plaza se urbanizó en tiempos de José Napoleón (1811) al derribarse varias manzanas que albergaban los conventos de San Gil y Santa Clara, la iglesia de San Juan, la Biblioteca, el jardín de la Priora y cincuenta y seis casas.
Fernando VII ordenó cercar la plaza con una empalizada que con el tiempo se convirtió en muladar. En 1841 se emprendió la reforma de este gran espacio dotándolo de un jardín central cerrado por altas verjas de hierro y adornado con cuarenta y cuatro estatuas de reyes, muchas de ellas destinadas a coronar el palacio vecino.
En el centro de la plaza se alza la estatua ecuestre de Felipe IV (siglo XVII) regalo del duque de Toscana, don Cosme de Médicis. La estatua, fundida en Florencia en los talleres de Pedro Tacca, tomó como referencia un cuadro de Velázquez y el busto de Martínez Montañés. Emplazada anteriormente en el palacio del Retiro se trasladó a la plaza en 1844. La estatua presenta una insólita postura del caballo en el momento de realizar una corveta, es decir, de andar con las patas traseras mientras mantiene las delanteras en el aire. Todo el conjunto se sostiene únicamente sobre las patas traseras del animal en un alarde de técnica nada común en la época. Para conseguir este efecto se encargaron los cálculos de tan difícil equilibrio a Galileo, que con suma maestría determinó la distribución de las masas, valiéndose de partes macizas y de partes huecas, para garantizar la estabilidad del conjunto.
Palacio Real
El palacio de Sacchetti, construido por voluntad de Felipe V sobre los terrenos que ocupaba el alcázar de los Austrias, que desapareció tras el incendio de 1734, estaba rodeado de diversas construcciones que conservaban su aspecto medieval y de descampados donde las malas hierbas crecían por doquier. El palacio se alzó sobre el primitivo alcázar musulmán que dio origen a la villa. Enrique IV, gran cazador, lo convirtió en pabellón de caza por la proximidad de los grandes montes y bosques de El Pardo y Villaviciosa.
Felipe V encargó un nuevo palacio de Felipe Juvara que presentó un proyecto sumamente ambicioso para las arcas de la corona. A su muerte se encargó la obra a don Bautista Sacchetti que prolongó la construcción hasta 1808, causa que impidió a Felipe V y Fernando VI habitarlo. Su primer inquilino, Carlos III, a partir de 1764 encargó importantes remodelaciones a Sabatini.
A finales del siglo XVII y comienzos del XVIII el palacio Real presentaba ya el aspecto de un enorme edificio cuadrangular, flanqueado por torreones, con fachada de huecos rectangulares y balcones dorados, coronada por la estatua ecuestre de Felipe IV. En el interior destacaban la capilla pintada por Lucas Jordán, los patios porticados, la escalera, numerosas estancias con gran número de obras de arte, etcétera. Sin embargo, dos incendios lo redujeron a cenizas: uno en 1734, ya citado; y otro en 1884.
El actual palacio, construido con granito del Guadarrama y piedra caliza de Colmenar, presenta líneas renacentistas a la manera neoclásica, estilo propio y característico que se opuso al barroquismo y su decoración recargada.
Entre las numerosas estancias y obras de arte que alberga destacan la escalera principal, ejecutada por Sabatini en mármol; el salón de Guardias, con un techo decorado por Tiépolo; el salón de las Columnas, con una bella bóveda ejecutada por Giaquinto; el salón de Gasparini, de estilo rococó muy recargado de estucos chinos; el salón de Carlos III, donde murió este monarca, presenta abundante decoración de muebles, relojes y porcelanas de Sèvres y del Buen Retiro, protegidas por una bóveda de Vicente López; la sala de las Porcelanas, con numerosas placas de estilo rococó trabajadas en la fábrica del Buen Retiro; el comedor de Gala, cuyas bóvedas muestran pinturas de Mengs, Bayeu y González Velázquez; la habitación de la reina María Cristiana, con bellos tapices de la Real Fábrica de Madrid, porcelanas y relojes; el salón de los Espejos, decorado con panes de oro por los hermanos Brilli; las habitaciones del Alfonso XIII se conservan igual que las dejó el rey al emprender su exilio en Roma; el salón del Trono, de la época de Carlos III, tapizado en rojo, alberga una excelente lámpara de La Granja y pinturas murales de Tiépolo, etcétera.
Catedral de la Almudena
El 22 de diciembre de 1878 los feligreses de la Real Esclavitud de Nuestra Señora de la Almudena, se dirigieron al cardenal arzobispo de Toledo para solicitar el correspondiente permiso e iniciar las obras de la catedral. El 4 de abril de 1883 se colocó la primera piedra, bajo la dirección del marqués de Cubas, de un proyecto que duró hasta noviembre de 1992 cuando la catedral de la Almudena se consideró oficialmente terminada. Juan Pablo II la consagró en junio de 1993. Apenas iniciada la construcción el papa León XIII (1878-1903) otorgó una bula para crear el obispado de Madrid-Alcalá (al depender Madrid del obispado de Toledo nunca tuvo catedral) y convertir la iglesia de la Almudena en la futura catedral de Madrid.
Viaducto
El famoso Viaducto, reformado recientemente con mamparas de cristal para intentar disuadir a los suicidas, se debe a una iniciativa de Bautista Sacchetti, arquitecto que presentó a Felipe V, a mediados del siglo XVIII, un proyecto para superar los muchos desniveles de Madrid y comunicar a los barrios que quedaban al otro lado del palacio. El proyecto de Sacchetti quedó en saco roto, como otros tantos, pero un siglo después se llevó a la práctica con la llegada de la arquitectura industrial.
La idea de Sacchetti, de construir un puente para salvar el desnivel de la calle Segovia, la retomó el marqués de la Vega de Armijo, gobernador de Madrid, y en octubre de 1868 se efectuaron los primeros derribos de los edificios expropiados, entre ellos, el palacio del Infantado. El primitivo viaducto, de hierro, se inauguró el 13 de octubre de 1874.
Los veintitrés metros de altura (desde el arco central a la calle Segovia) pronto sirvieron a los suicidas de trampolín para lograr quitarse la vida arrojándose al vacío, tan frecuentemente y con tanto éxito, que en 1875 el ayuntamiento ya acordó poner alambradas en la verja para evitar tales prácticas.
El viaducto de 1874 pronto quedó obsoleto, debido al incremento del tráfico y al deterioro de los materiales (hierro y hormigón), y en 1921 se redactó un proyecto de consolidación y, en 1942, se inauguró el viaducto actual que también ha sufrido numerosas reformas para reforzar su estructura.
Mercado de San Miguel
El mercado se alza en el solar de la antigua iglesia de San Miguel de los Octoes (siglo XIV), demolida en 1809 por decreto de José Bonaparte a instancias de Juan de Villanueva al considerarla «poco o nada decorosa». Ese mismo año una parte de la plaza se utilizó ya para la venta de pescado. Se trataba de un mercado al aire libre que día a día crecía y aglutinaba a más comerciantes. Para paliar este caos, en 1835, se encargó a don Joaquín Henri la construcción de un mercado cubierto cuya techumbre no se terminó hasta 1915.
En la actualidad el mercado ocupa una superficie de casi 1.200 metros cuadrados, con dos plantas, y se considera el único que queda en Madrid construido enteramente en hierro, según los cánones de la arquitectura industrial de principios del siglo XX.
Partiendo del núcleo financiero de Madrid, la plaza de España, el recorrido lleva a la puerta de Alcalá visitando, durante el periplo, algunos lugares imprescindibles, de visita obligada, como el Museo del Prado, el Museo Thyssen-Bornemisza o el Centro de Arte Reina Sofía.
Plaza de España
La plaza de España, flanqueada por modernos edificios, ocupa uno de los altozanos más importantes de Madrid que por su elevación fue punto estratégico en siglos pasados. Según relata García Lomas, durante los trabajos de acondicionamiento del monumento a Cervantes se encontraron restos arqueológicos romanos.
En época árabe, hubo en el solar de la plaza de España, aunque ahora parezca imposible, numerosas huertas que aprovechaban para su riego las buenas aguas del arroyo de Leganitos, que atravesaba estos parajes. Según Mesonero Romanos las voces «Leganitos» y «Leganés» derivan del árabe y significan «huerta». Este arroyo nacía en la fuente de los Caños que, en el siglo XVII, pasó a llamarse de Leganitos y estaba en la calle homónima. Miguel de Cervantes, en Don Quijote de la Mancha, habla de esta fuente: «Otro libro tengo también, a quien he de llamar Metamorfoseos u Ovidio español, de invención nueva y rara; porque en él, imitando a Ovidio, a lo burlesco, pinto quién fue la giralda de Sevilla (...), los toros de Guisando, la sierra Morena, las fuentes de Leganitos y Lavapiés en Madrid...».
El aspecto actual de la plaza arranca en 1898 con la construcción de la Royal Compagnie Asturienne de Minnes (esquina calle Bailén), de nacionalidad belga, considerada una de las obras más logradas de la arquitectura burguesa de finales del siglo XIX. El gusto francés destaca en la disposición de los templetes, que rematan el edificio, intentado darle aires de palacete cuando en realidad se trata de una casa de pisos. Obra de Manuel Martínez Ángel, este gusto artístico se desarrolló ampliamente en algunas zonas de Madrid, como el barrio de Salamanca y la Gran Vía. Hoy la Real Compañía Asturiana de Minas alberga las dependencias culturales de la Comunidad de Madrid.
|
Calificación
5 estrellas de 5
5 puntos (1 votos) |
publicado el 22/oct/2008, 16.13 |
Últimos comentarios
laparoja dice:
La monumental Madrid, muy buen relato!!
Publicado el 6/dic/2008, 13.57
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Madrid...
|
¿Quiénes están dispuestos a brindarme alojamiento? |