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Belfast: con la mira en el futuro

Escribe: maru
Luego de una época signada por la guerra, la capital de Irlanda del Norte abre sus puertas, llena de energías para crecer. Belfast es una vibrante y próspera ciudad que tiene una población aproximada de 274.000 habitantes. Rodeada de verdes colinas y escarpadas montañas, Belfast se convirtió en una pujante ciudad que floreció durante la Revolución Industrial en el siglo XVIII.

 
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Belfast: con la mira en el futuro

Belfast, Reino Unido — domingo, 3 de julio de 2005

La ciudad es gris y su cielo suele ser plomizo. No es una urbe antigua, pero su Historia reciente es tan interesante como la de cualquier lugar milenario. Cuando se firmó la Paz del Viernes Santo, Belfast renació. Aquella vuelta a la paz fue una vuelta a la vida. Hace casi una década, en la capital de Irlanda del Norte no había más que un hotel. «¿Y para qué los iba a haber, si nadie quería venir por aquí?», se preguntaban los propios norirlandeses. Ahora, el panorama se perfila de otra manera.
Lo cierto es que los turistas de estas últimas décadas eran básicamente los periodistas que iban a cubrir el conflicto del IRA. La curiosidad por conocer esta tierra no se cultivaba. Las empresas se alejaban de allí, los tanques estaban en la calle. Sin embargo, todo eso acabó, como un mal sueño.

El despertar que vive ahora Irlanda del Norte se aprecia muy bien en su capital, Belfast. Allí no paran de construir, de instalarse empresas, de abrir tiendas y restaurantes. Y no es que la vieja guerra haya dejado de existir todavía hay un fuerte conflicto social, lo que ocurre es que ese enfrentamiento ahora es casi una cuestión turística.

 Los muros pintados adornan gran parte de la ciudad. Son decorativos, pero su sentido no es artístico. Estás entrando en la zona de los luchadores del sur de Belfast, dice un mural. Apoya la huelga de hambre en Turquía, pide otro. Siempre hay un trasfondo político, un cóctel que a veces resulta extraño, pero también pintoresco.

El mejor plan en Belfast es empaparse de su Historia reciente. Recorrer los barrios católicos y protestantes, observar los bordillos de las aceras pintados con la bandera británica o los graffitis a favor del Sinn Fein. Todos marcan su territorio, sin embargo, por las noches comparten las tabernas, los conciertos de música folk y muchas, muchas pintas de cerveza.

Belfast

Belfast está al fondo de una amplia bahía y en la desembocadura del Lagan. La tercera parte de la población norirlandesa se concentra en un radio de 15 km. en torno a la capital.

Belfast le ofrece el ajetreo estimulante de una capital, y, al mismo tiempo, le proporciona acceso fácil a la tranquilidad de la campiña norirlandesa.

En 1888, la Reina Victoria concedió a Belfast la calidad de ciudad. Para la fecha en que el gran trasatlántico Titanic fue botado al mar en 1912, Belfast contaba con las fábricas de tejidos y tabaco más grandes del mundo, y también con los principales astilleros y fábricas de sogas.
Si bien los sectores fabriles tradicionales declinaron luego de la Segunda Guerra Mundial y los desórdenes y la actividad terrorista vino a agravar los problemas socioeconómicos de Belfast, la ciudad ha experimentado un notable renacimiento a contar de 1990.

Belfast está abarrotada de bares de diseño, restaurantes selectos, clubes modernos y lugares para ir de compras que se cuentan entre lo mejor del Reino Unido. Los visitantes podrán disfrutar de la música tradicional irlandesa en algún pub o pasar la noche bailando al son de la música.
El patrimonio industrial de Belfast, lugar donde se construyó el Titanic, refleja la historia de una ciudad marcada por la revolución industrial que, sin embargo, también ha sabido apostar por la cultura. Así lo demuestran el Ulster Museum, el Ayuntamiento, el Ulster Folk y el Ulster Folk and Transport Museum, así como los múltiples edificios históricos de la ciudad. Además, tiene a su disposición multitud de parques, jardines y galerías de arte donde podrá aislarse del frenesí urbano.

Belfast tiene algunas construcciones victorianas magníficas. El edificio de la municipalidad construido en 1906 es considerado uno de los edificios del renacimiento clásico más hermosos de Europa. Esta construcción domina la vibrante área del centro de Belfast y es el punto central de las actividades y celebraciones cívicas.

En una ciudad que parece tener una iglesia en cada esquina, la Catedral de Santa Ana ubicada en el sector de las iglesias, es la mayor construcción de su tipo en la ciudad. La Iglesia de San Malaquías es también una hermosa atracción de los miles de turistas que llegan cada año

Una ciudad vibrante

Belfast es la ciudad de los vecindarios donde la mayoría de las familias viven en casas con jardines en lugar de edificios de departamentos. Muchas áreas de la ciudad tienen una atmósfera de pueblo.

Si bien la población está dividida en partes iguales entre protestantes y católicos, Belfast cuenta también con miles de personas de origen asiático, especialmente chinos que hablan cantonés, indios y paquistaníes. Los judíos siempre se han destacado en la vida comercial y cultural de la ciudad, y hay cada vez más habitantes de origen musulmán y otros credos religiosos.

Rodeada de parques ricos en vida silvestre, Belfast es una de las ciudades más verdes de Europa. Las hermosas tonalidades de verdes de sus parques, plazas y jardines son famosas en toda Irlanda.
Una de las principales actividades de los habitantes de Belfast está destinada a los amantes de las rosas. Durante el verano se celebra la Semana de la Rosa donde se exhiben más de medio millón de estas hermosas flores. También es famoso el jardín botánico con su espectacular plantación de palmeras.

El genio inventivo y la excelencia de su ingeniería le valió a Belfast el título de Ciudad del neumático, el tractor y el Titanic. Ese espíritu emprendedor e innovador de sus habitantes sigue vivo hasta el día de hoy, cuando la mejor descripción de Belfast es la Ciudad de la tecnología, el comercio y el turismo.

Los neumáticos fueron inventados por John Boyd Dunlop en su taller de May Street en 1888. Hasta el día de hoy, la marca Dunlop es una de las 50 marcas más conocidas del mundo. Asimismo, en un taller muy cercano, Harry Ferguson inventó el sistema hidráulico para tractores que revolucionó el sector agrícola. Y el barco más famoso de la historia, el Titanic, que se hundió en las frías aguas del Atlántico en su viaje inaugural, es recordado por muchos visitantes de la ciudad que realizan el tour Las Huellas del Titanic.

Las actuales compañías de Belfast están usando las últimas tecnologías para desarrollar dispositivos electrónicos, programas computacionales, equipos médicos, productos textiles y componentes para la industria aeroespacial.

El camino del gigante

Además, los alrededores de Belfast incluyen algunos de los parajes más impresionantes de toda la isla irlandesa. Se puede hacer una excursión hacia la punta norte de la isla, donde se encuentra Giant's Causeway, algo así como La Carretera del Gigante. En un día claro, se ve Escocia perfectamente al otro lado del mar. De hecho, la distancia que separa a ambos lugares es sólo de unos pocos kilómetros.

La leyenda otra más de las miles que hay por estas tierras cuenta que todo empezó por una batalla entre dos gigantes. Uno de ellos, Finn McCool, era irlandés, y el otro, Benandonner, escocés. El irlandés retó al otro a una pelea y, como era un tipo educado, construyó un camino sobre el mar para que su enemigo no tuviera problemas en acudir. Pero cuando se avecinaba el combate se dio cuenta de que el escocés era bastante más fuerte que él. Se escondió en su casa y su mujer decidió disfrazarlo de bebé. Cuando el escocés lo vio, pensó: «Si éste es el hijo, será mejor no conocer al padre». Y se marchó corriendo a Escocia. En su huida fue destrozando la calzada para que Finn no pudiera seguirle.

 Lo que hoy queda de esta leyenda son precisamente los pedazos de esa carretera, unas enormes rocas basálticas de forma hexagonal. Todas juntas crean imágenes caprichosas, como un órgano de iglesia. Hay más de 40.000 columnas de basalto que llegan hasta el mismo mar. Y lo más curioso es que en la isla escocesa de Staffa, donde se supone que vivía Benandonner, también se pueden encontrar estos peculiares relieves.

Aparte de los tres kilómetros de relieves lunares de Giant's Causeway, la costa norirlandesa guarda muchas sorpresas. En este condado del Ulster, llamado Antrim, está el Dunluce Castle, un magnífico castillo en ruinas junto al mar. Bushmills, la destilería de whisky más vieja del mundo, está de camino a la Carretera del Gigante. Allí llevan cerca de 500 años haciendo licor de pura malta, y ofrecen al visitante un tour por las instalaciones y la posibilidad de catar lo que allí destilan.

Tampoco se pueden dejar de ver las aldeas que salpican la tortuosa carretera de la costa. Hay encantadores pueblos de pescadores, como Cairnlough, y la isla de Carrick-a-rede. En esta pequeña isleta se instala un puente colgante, construido con cuerdas, de abril a septiembre de cada año. Es un paso que une la isla con el continente para los pescadores de salmones y, de paso, para los turistas que quieran sentirse por un rato como el famoso Indiana Jones.

Todas las excursiones se pueden hacer desde la ciudad de Belfast en el mismo día. En Irlanda del Norte, los restos del conflicto parecen haberse quedado en la capital. Y mientras ésta se despereza de su mal sueño, el paisaje de la costa duerme tranquilo, soñando con sus viejas leyendas de gigantes.

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publicado el 23/oct/2008, 13.53
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