Diarios de viaje > El Mundo > América del Norte > Canadá > Quebec > Diario de viajes
Québec: la ciudad más francesa de América
Escribe: Budha
Gracias a la riqueza de su historia y de sus raíces, Québec es una tierra de América a la vez amplia e íntima, que no es ni totalmente el Nuevo Mundo ni totalmente el Antiguo. Cálidos y espontáneos, los quebequenses siempre están dispuestos a festejar. Expresan su pasión y su creatividad con un entusiasmo desbordante, y demuestran con orgullo su cariño a la lengua y a la cultura por las que son verdaderamente únicos.
Québec: la ciudad más francesa de América
Quebec, Canadá — miércoles, 16 de junio de 2004
Enviado por Francisco I, rey de Francia, Jacques Cartier atracó en Gaspé en 1534 y tomó posesión de un territorio habitado desde hacía miles de años por amerindios e inuits. Posteriormente, en 1608, Samuel de Champlain acostó en la orilla norte del río San Lorenzo, en un lugar que los indios llamaban Kébec. En 1642 Paul Chomedey de Maisonneuve fundó una pequeña misión de evangelización a la que llamó Ville-Marie y que se convertiría en Montreal a finales del siglo XVIII.
La expansión de Nueva Francia se aceleró entre 1660 y 1713 a medida que Francia estableció colonias en Acadia y a orillas del San Lorenzo. Durante la guerra franco-británica, el ejército de Wolfe sitió Québec. La batalla de las Llanuras de Abraham supuso la derrota de las tropas de Montcalm el 13 de septiembre de 1759. Cuatro años después, con el Tratado de París, el rey de Francia cedió a Su Majestad británica la propiedad íntegra de Canadá con todas sus dependencias. Esta cesión produjo un importante movimiento migratorio hacia el Nuevo Mundo de colonos ingleses, irlandeses y escoceses.
En 1791 el Acta Constitucional de Canadá estableció dos provincias: el Alto Canadá (la actual provincia de Ontario), mayoritariamente anglófono, y el Bajo Canadá (la actual provincia de Québec), mayoritariamente francófono. La Rebelión de los Patriotas del Bajo Canadá, entre 1837 y 1838, se saldó con la dolorosa derrota ante el ejército inglés. En 1867, la firma del Acta de América del Norte Británica consagró la federación de las provincias de Canadá, que constaba entonces de Québec, Ontario, Nueva Brunswick y Nueva Escocia.
La vida económica de Québec hasta principios del siglo XX estuvo ligada íntimamente a la agricultura y a la industria forestal. Posteriormente, el proceso de urbanización se aceleró y el crecimiento del sector manufacturero atrajo a las ciudades a los habitantes de las zonas rurales. En aquella época Québec seguía acogiendo inmigrantes, mayoritariamente de origen europeo, que huían de la guerra y de la miseria.
Los años 60 supusieron el inicio de la revolución tranquila y, diez años después, se concretó el debate en torno a la cuestión de la preponderancia del francés. En 1976 llegó al poder el Partido Quebequense, dirigido por René Lévesque. Cuatro años después, la población rechazó en un referéndum el proyecto de soberanía-asociación con el Gobierno federal. Un proyecto similar también fue rechazado en 1995.
Québec, que goza de un nivel de vida alto, posee riquezas naturales y energéticas abundantes. Destaca especialmente en los campos de la ingeniería, transporte, telecomunicaciones, sector aeronáutico y aeroespacial, investigación y cuidados médicos, informática y biotecnologías. La provincia exporta el 40 % aproximadamente de su producción, sobre todo a Estados Unidos.
En 1982, siendo primer ministro federal Pierre Elliot Trudeau, se produjo la llamada repatriación de la Constitución, que supuso que finalmente quedara en manos de los canadienses, y no del Parlamento Británico, pasando la figura de la Reina de Inglaterra a tener un papel absolutamente simbólico.
La nueva Constitución añadió la Carta de Derechos y Libertades, el reconocimiento y afirmación de los derechos de los pueblos aborígenes y el mecanismo de reforma constitucional.
El conflicto de los nacionalistas de Québec surgió en estos momentos, ya que en la nueva Constitución no se tuvieron en cuenta las seculares aspiraciones de la provincia a constituirse como una sociedad distinta dentro de la federación. La confrontación llega hasta nuestros días.
En junio de 1990 se sometió a la votación de las provincias y territorios de Canadá el llamado Acuerdo del Lago Meech, que concedía a Québec determinados derechos y se le transfería una serie de poderes que otras provincias no tenían a su vez cedidos.
Dos provincias se negaron a aceptar el acuerdo. El último referéndum celebrado en Québec en 1995 se saldó con un escasísimo margen favorable a los no partidarios de la independencia.
Aunque los dos idiomas oficiales son el inglés y el francés, la única provincia oficialmente bilingüe es New Brunswick. La región de Québec es francófona, con peculiaridades gramaticales y de pronunciación que le ha valido el nombre de "quebecois". Sus diferencias con la Canadá anglohablante no son sólo idiomáticas, sino también culturales. Los quebequenses se sienten distintos a sus vecinos, y reclaman una mayor soberanía.
El Québec actual se afirma como un estado moderno, que mira decididamente hacia el futuro.
Québec posee un patrimonio natural realmente excepcional por su extensión y su variedad, que colma tanto a los aficionados a las actividades al aire libre y a la aventura como a los pescadores y cazadores.
En cada una de las estaciones del año se descubre un aspecto nuevo e inédito de Québec. Para lograr que invierno rime con diversión, se inventó la motonieve; además, se pueden ver, desde lo alto de las pendientes de esquí, sus inmensidades nevadas.
Ya sean estancias en la ciudad o en el campo, vacaciones activas o vacaciones de descanso, todas las fórmulas valen para descubrir Québec. Cuando usted piense que lo conoce, ¡aún y siempre le sorprenderá!
Tierra de guerreros
Fueron estas tierras escenario de cruentas batallas y cuna de feroces guerreros que durante milenios derramaron su sangre en nombre de la venganza. Fueron tierras de algonquinos e iroqueses representados por numerosas tribus en permanente lucha, que tomaban las armas honrando a sus familias y portaban con dignidad el sello de sus ancestros. Hombres de implacable valentía, no había uno solo que no respondiera ante el grito de la guerra, y torturaban a sus presos con la misma crueldad con que aceptaban ser castigados por sus enemigos.
No ha pasado mucho desde los tiempos en los que la sobrecogedora naturaleza de la costa atlántica canadiense era obra y dádiva del Gran Espíritu, y sus habitantes acostumbraban correr por vertiginosos desfiladeros y se movían con sigilo al acecho de algún alce ese cérvido colosal cuya cornamenta se asemeja más a unas hojas que a unas ramas o caribú inmerso en frondosos bosques de olorosa madera y hoja perenne, humedecidos por el viento que llega de la corriente del San Lorenzo, el imponente río que atraviesa la isla de Montreal y que por entonces fue bautizado el camino que anda solo. En el siglo XVIII, el sabio hurón Adario se dirigió así a su amigo francés La Hontan: «¿Quién os ha dado todos los países que estáis habitando? ¿Con qué derecho los poseéis? Pertenecen a los algonquinos desde siempre».
Efectivamente, fueron ellos, los primeros hombres, quienes santificaron y protegieron los montes Laurentinos y las enormes extensiones de agua desde los Grandes Lagos hasta la bahía de Hudson; fueron ellos quienes aprendieron a sobrevivir al duro invierno gracias a las pieles animales y, sobre todo, al áneda (la infusión a base de hojas de abeto y de pino que les proporcionaba la vitamina C necesaria para defenderse del escorbuto en un entorno nevado en el que no había ni rastro de verduras ni de frutas); fueron también ellos quienes supieron extraer de los milenarios arces esa dulce miel hoy célebre en todo el mundo; y quienes guiaron a los primeros europeos desorientados por sinuosos peñascos que atajaban kilómetros y kilómetros.
Uno puede imaginarse el temor que sintieron los recién llegados colonos europeos al encontrarse con unos fieros y salvajes nativos altamente entrenados en el arte de la guerra, con los rostros pintados y las cabezas afeitadas salvo una llamativa cresta en señal de lucha, empuñando los tomahawks (las hachas de guerra que en manos de iroqueses eran rompe-cráneos) y lanzando un grito de guerra que pronto se perdía en los profundos bosques de arces y abetos desde donde preparaban sus emboscadas para sorprender al enemigo. Por razones históricas, las relaciones entre los mohicanos y los hurones, las dos tribus iroquesas quizás más conocidas de la región que se estira desde la actual provincia de Québec hasta el estado de Nueva York, fueron siempre extremadamente conflictivas y sangrientas.
La brutal enemistad entre las dos tribus se acrecentó cuando los hurones empezaron a comerciar con los franceses las pieles de castor hasta hacerse con el monopolio. Y bastó que las hostilidades entre las ambiciosas monarquías europeas se trasladaran cruelmente a terreno iroqués para que el destino de estas naciones autóctonas quedara irreversiblemente determinado: cuando los británicos atacaron la Nueva Galia y se libró la primera gran batalla, los mohicanos se aliaron con los primeros para luchar contra los hurones y los franceses. Aquella primera contienda no sólo supuso la victoria para el imperio británico en detrimento de Francia, sino, sobre todo, el inicio del brutal exterminio de los hurones por parte de los mohicanos. No obstante, la historia, y el propio James Fenimore Cooper en su conocida obra, El timo mohicano, nos revela que los odiados hermanos de los hurones no corrieron mejor suerte.
Con buen ánimo
El Québec actual vive intensamente al ritmo de América, donde contribuye a propagar la lengua y la cultura francesas. El francés es la lengua usual de la mayoría de la población, aunque el inglés se habla y se comprende en casi todas partes, especialmente en las ciudades.
Por su historia y su cultura, Québec se ha forjado una personalidad original, llena de entusiasmo y sencillez, y marcada por la franqueza y la sociabilidad. Québec acoge a sus visitantes y viajeros de manera abierta y calurosa.
A los quebequenses les encanta festejar, y prueba de ello es el calendario bien repleto de acontecimientos y festivales con que cuentan. El buen comer y beber también es importante para ellos. Aunque la tradición culinaria es fundamentalmente francesa, se ha desarrollado una cocina regional típicamente quebequense en la que se funden las influencias europeas e indígenas. Esta cocina se adapta a las exigencias del modo de vida norteamericano, utilizando para ello productos locales de primera calidad.
Según la temporada, la mesa ofrece pescado, mariscos, crustáceos, carnes y caza. Québec se enorgullece de la gran variedad de quesos de calidad que produce; asimismo, abundan la cerveza, el vino, la sidra y el hidromiel. En las ciudades, la cocina es cosmopolita y los amantes de la buena mesa pueden dar la vuelta al mundo, gastronómicamente hablando, sin gran esfuerzo.
Un mix creativo
Québec es un crisol en el que se funden las expresiones artísticas procedentes de sus orígenes europeos y norteamericanos. Su desbordante energía creadora se manifiesta tanto en la literatura, la canción, el teatro, la danza o el circo, como en la pintura, la escultura o la artesanía.
Los museos ocupan un lugar muy importante en el mundo cultural de los quebequenses. En este sentido, Montreal, Québec, Gatineau y Trois-Rivières constituyen otras tantas etapas ineludibles para quien desee conocer las riquezas artísticas de Québec. Los amantes de la historia local descubrirán en su viaje a través de Québec interesantes museos y centros de interpretación que ofrecen un panorama completo de la historia de la región o los grandes momentos de la vida de sus hijos más ilustres.
Sitios históricos
La historia no está sólo en los museos. Los caminos de Québec están llenos de testimonios de la vida, a menudo rústica, que llevaban los primeros colonos. Por agua o por tierra se podrán conocer innumerables viviendas ancestrales, puentes cubiertos, molinos de agua o de viento y antiguas capillas, lugares fundamentales para la memoria de las generaciones actuales y futuras.
Entre los sitios históricos de importancia nacional con los que cuenta Québec, cabe mencionar la Plaza Royale, cuna de Nueva Francia, y el imponente conjunto de fortificaciones de la ciudad de Québec; el barrio histórico de Montreal, con sus múltiples monumentos; la isla Des Moulins en Terrebonne; los fuertes de Chambly y Lennox, a orillas del río Richelieu, testigos ambos de las guerras coloniales; Grosse Île, isla cerca de Montmagny, en la que ocurrieron hechos fundamentales para la inmigración europea que llegaba a Canadá, así como Banc-de-Paspébiac, en Gaspésie, y La Grave, en las islas de la Madeleine, que recuerdan el papel económico primordial que hasta hace poco desempeñaba la pesca en el golfo del San Lorenzo.
Lugares destacados dentro de la ciudad
Barrio Petit-Champlain
Este barrio, magníficamente restaurado, recuerda una bonita ciudad en el borde del río. Sus calles estrechas y románticas, rodeadas de tiendas donde los artesanos trabajan, están animadas por payasos, malabaristas y gente del mundo del entretenimiento. Puede regresar a la terraza Dufferin sin esfuerzo utilizando el funicular del Viejo Québec, situado en la intersección de las calles Petit-Champlain y Sous-le-Fort.
Basílica de Sainte-Anne de Beaupré
Desde 1658 la ciudad ha abrigado una capilla dedicada a Santa Ana, a quien la creencia popular atribuía el salvamento de numerosos náufragos a lo largo del cabo Tourmente. Este fervor popular por los milagros de Santa Ana no ha disminuido. De hecho, más de un millón y medio de personas llegan cada año a la costa de Beaupré para hacer un peregrinaje a la basílica y orar por la madre de la Virgen. Con frecuencia, los peregrinos toman la histórica avenida Royale.
Calle del Trésor
La calle del Trésor toma su nombre del inmueble donde los colonos, bajo el régimen francés, pagaban sus cánones al Erario real. Con el tiempo, se transformó en callejuela pintoresca y animada, donde numerosos artistas exponen todo el año sus acuarelas, dibujos, pinturas...
Calle St-Paul y el Viejo Puerto (Plaza FAO)
Situadas al pie del Viejo Québec en su costado norte, cerca del confluente del río Saint-Charles y el San Lorenzo, la calle Saint-Paul y el Viejo Puerto constituyen uno de los sectores más pintorescos. Muchos anticuarios y tiendas de artesanías están instalados en la calle Saint-Paul. Muy cerca, el Viejo Puerto comprende un sector rico en historia que evoca el patrimonio portuario y marítimo de Québec.
Camino del Rey en Portneuf
El pueblo de Québec en la época de la Nueva Francia se formo principalmente a lo largo de las orillas del río San Lorenzo, principal vía de comunicación y transporte de la colonia. Tuvo que esperarse hasta 1734 para que se construyera una vía transitable. De esta forma, el camino del Rey, la primera vía transitable de Canadá, ha enlazado a Montreal y Québec, los dos centros urbanos más importantes de la colonia.
Château Frontenac y la terraza Dufferin
Se dice que el Château Frontenac es el hotel más fotografiado en el mundo. Verdadero símbolo de la ciudad, este imponente y majestuoso edificio celebró su centenario en 1993. Justo a un costado, la terraza Dufferin ofrece una magnífica vista del río y la región de al rededor. En el extremo este de la terraza Dufferin se encuentra el funicular, que permite llegar al barrio Petit-Champlain y a la Place-Royale en un minuto.
Citadelle de Québec (La Guarnición)
Situada en la cumbre del cabo Diamente, la Citadelle constituye el flanco este de las fortificaciones de Québec. Algunos autores románticos se han inspirado de la Citadelle cuando han designado a Québec como el "Gibraltar de América".
Una imponente muralla rodea al Viejo Québec, el barrio más antiguo de la única ciudad fortificada al norte de México. Los visitantes pueden circular en las fortificaciones tomando un sendero de 4.6km. Los letreros de interpretación que ahí se encuentran permiten comprender la evolución del sistema de defensa de Québec.
Isla de Orleáns
Situada a 15 minutos del Viejo Québec, la isla de Orleáns está conectada con la ribera norte por medio de un puente construido en 1935. Deténgase en la oficina de información turística de la isla, a la que puede comunicarse al (41
Parlamento de Québec
Primer sitio histórico nacional de Québec, el Hotel del Parlamento es un edificio imponente, cuyas cuatro alas forman un cuadro de cerca de 100m de lado. Su arquitectura, casi única en Norteamérica, se inspira del clasicismo francés del siglo XVI. Usted podrá visitar la Sala de la Asamblea Nacional y la Sala del Consejo Legislativo. La entrada es gratuita.
Parque de la Jacques-Cartier
La cuenca de la Jacques-Cartier, paraíso de actividades al aire libre todo el año, se encuentra sólo a 40 minutos del centro de la ciudad de Québec. Imagínese... Una cuenca dotada de un microclima que permite una impresionante diversidad ecológica, donde habita una fauna variada: mapaches, lobos, ciervos de Virginia y ciervos nativos. Podrá practicar una pléyade de actividades acuáticas y deportivas en esta cuenca: el canotaje, el campamento, la pesca, la raqueta, la marcha, la observación de la flora y fauna. La belleza de los paisajes de este magnífico parque silvestre lo deslumbrará.
Parque de las cataratas Montmorency
Al este de Québec se encuentra el parque de las cataratas Montmorency, declaradas históricas en diciembre de 1994. Este parque, situado en un ambiente natural resplandeciente, ofrece una vista inexpugnable del San Lorenzo, la isla de Orleáns y la Vieja Capital. Admire las bellísimas cataratas de una altura de 83m., es decir, 30 metros más que las cataratas del Niágara.
Place Royale
Acurrucada al pie del cabo Diamante, la Place-Royale es uno de los barrios más antiguos de Norteamérica. Sus estrechas calles y casas de piedra evocan cuatro siglos de historia. Durante el verano, la Place-Royale está llena de actividades.
Plaza d'Youville
Verdadero centro de la vida de Québec, la plaza d'Youville, además de ser una de las puertas de entrada al Viejo Québec y a sus comercios, constituye la plataforma de las artes de la escena. Ahí encontramos tres salas de grandes espectáculos y varios conciertos al aire libre se llevan a cabo todo el año.
Puente de Québec
Proclamado monumento histórico internacional de ingeniería civil por la Sociedad Canadiense de Ingeniería Civil (Société canadienne de génie civil) y la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (American Society of Civil Engineers), el puente de Québec posee un tramo suspendido que mide 549m., entre los dos pilares principales, lo que lo hace el puente cantiléver más largo del mundo. En el momento de su construcción, el tramo central se derrumbó dos veces (en 1907 y 1916), causando la muerte de muchos trabajadores. El puente fue abierto a la circulación ferroviaria en 1917 y a la circulación de autos en 1929.
Viejo Québec (ayuntamiento)
Este distrito histórico es el único centro urbano en Norteamérica inscrito en la prestigiada lista del patrimonio mundial de la UNESCO. Posado en la cumbre del cabo Diamante, el Viejo Québec domina el río San Lorenzo.
El ser québecois
Hoy en día es posible recorrer las orillas de algún gran lago de la provincia de Québec y contemplar los tipis (las clásicas tiendas) abandonados de antiguos poblados, que emergen de la tierra silenciosos y solitarios como los restos mortales de una gran familia desposeída y desterrada. Pero el entorno parece conservarse sagrado, y cuando menos virginal e incólume fuera de las grandes ciudades.
Existe un lugar llamado Odanak, en las afueras de la localidad de Trois Rivières (de camino entre Montreal y la ciudad de Québec), donde se levanta una gran cabaña de madera frente a un paisaje de montañas, bosques, ríos y un inmenso lago. Es posible hospedarse en ella y descubrir el idílico entorno; practicar deportes de nieve (esquí de fondo, trineo con perros, patinaje sobre hielo, paseo en raquetas, motonieve) y disfrutar de un paisaje blanco inmaculado, si es invierno, o dedicarse al trekking, al senderismo y a bañarse en el lago durante el verano. La zona sufre una superpoblación de castores pese a que en siglos pasados fueron cazados masivamente por los hurones para cambiar sus pieles por la mágica agua de fuego (alcohol) y, más tarde, por las todopoderosas carabinas.
No se exagera al decir que la región ha sido agraciada con una naturaleza espectacular, pero también la capital, Québec, resulta cuando menos sorprendente por su tinte casi medieval en un país y aun en un continente que no ha vivido la Edad Media del viejo mundo. No en vano la ciudadela de Québec cuyo mayor emblema es el château de Frontenac fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y pasear por sus callejuelas atestadas de pequeños comercios es como adentrarse en un extraño cuento de hadas en el que los príncipes azules llevan plumas y fuman la pipa de la paz.
Y si Québec es bella en sus formas, Montreal es atractiva por su contenido multicultural y orgullosamente francés. No debe haber pueblo en el mundo que con mayor orgullo presuma de su carácter y defienda con tanto celo la cultura gala, sobre todo frente a la omnipresente anglosajona, hasta el punto de que podrá fijarse el viajero los coches quebequenses llevan en su placa de matrícula un curioso «Je me souviens» (Me acuerdo) que alude a su tirante pasado con los ingleses, aunque hoy son, todos por igual (francófonos y anglófonos), hijos de la corona británica y miembros de la Commonwealth.
El río San Lorenzo
Es en el río San Lorenzo a lo largo del cual se ha construido Québec. El San Lorenzo se encuentra entre los grandes ríos del planeta, se distingue por su anchura (más de 300 km en el golfo), por su profundidad, sus ecosistemas, su flora y fauna diversas, sus numerosos centros ornitológicos, sus innumerables islas de encanto variado y por la belleza natural de sus riberas.
El San Lorenzo atraviesa Québec y baña las riberas de catorce de sus veinte regiones. Cuanto más se acerca al océano, más se ensancha y más saladas son sus aguas. En el golfo, donde apenas puede verse la otra orilla, se le llama "mar". En el estuario, el agua es semisalada y cada verano recibe la visita de ballenas y de otros impresionantes mamíferos marinos. Entre el lago Saint-Pierre (formado en el mismo río San Lorenzo) y el lago Ontario, el tramo fluvial es tranquilo por lo general. Pero, ¡cuidado! También hay rápidos impresionantes en Lachine, cerca de Montreal. Desde los grandes lagos al Atlántico y de estación en estación, el río no para de transformarse. Hay que verlo en invierno, cuando se hiela y se pone completamente blanco.
Para conocer el río en automóvil, se puede seguir una de las numerosas carreteras panorámicas que hay a lo largo de sus riberas, como el Camino del Rey (Chemin du Roi), la Ruta de Nueva Francia Route de la Nouvelle-France), la Ruta de los Navegantes (Route des Navigateurs) o la Ruta de las ballenas (Route des baleines). Podrás contemplar paisajes asombrosos y un sinfín de pueblos encantadores antiguos. Para atravesar de una orilla a otra, basta con montar en uno de los numerosos transbordadores. Y para descubrir las bellezas de las islas del río, las aves marinas, las focas y las numerosas ballenas, no hay nada mejor que un crucero.
En Québec la naturaleza es dueña y señora. Sólo una ínfima parte de este inmenso territorio, tres veces mayor que el de Francia, está ocupado por los humanos. Los bosques boreales, la tundra, el millón de lagos y ríos así como el río San Lorenzo están habitados por una fauna rica, típica de los países nórdicos. No pierdas algunos espectáculos inolvidables, como el ballet acuático de las ballenas o el paso de decenas de miles de aves migratorias, que rasgan el cielo en un alegre estruendo.
Joya del patrimonio mundial
La zona histórica de esta ciudad figura, desde 1985, entre los bienes del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Québec, única ciudad fortificada al norte de México, le invita desde sus imponentes murallas a adentrarse en la historia de los siglos pasados.
Tu visita puede comenzar por el Parque de la Artillería, cerca de la puerta Saint-Jean, una de las cuatro puertas de la fortificación. La Artillería comprende, entre otros edificios, un imponente reducto que data de la época francesa. Tras las viejas fachadas de la ciudad antigua se encuentran varios museos, entre los que destacan el Museo de la América Francesa, situado dentro del Seminario, el Museo de las Ursulinas y el de las Agustinas. La basílica Notre-Dame-de-Québec, rica en obras de arte, ofrece un magnífico espectáculo de luz y sonido.
Puedes bajar luego hasta la Plaza Royale, en la parte inferior de la ciudad, cuyo origen remonta a los primeros tiempos de la colonia. Toda esta zona, al igual que el barrio vecino de Petit-Champlain, muestra una gran actividad a pesar de su antigüedad. En esta parte de la ciudad se encuentran un centro de información y exposición, tiendas de arte y de artesanía, varios restaurantes y bares. El Museo de la Civilización, situado muy cerca, presenta exposiciones sobre temas concretos para las que emplea técnicas interactivas muy actuales. No dudes en tomar un barco en el Viejo Puerto para efectuar un refrescante crucero por el río.
En la Ciudadela, que domina la ciudad, pasarás por delante del inmortal castillo Frontenac, con sus torretas y techos puntiagudos de inspiración medieval, y por la terraza Dufferin, que ofrece una incomparable vista del río.
Luego están los Llanos de Abraham, conocidos también con el nombre de Parque del Campo de Batalla. En esta amplia zona, hoy ajardinada, se enfrentaron las tropas francesas e inglesas en 1759, uno de los acontecimientos militares de mayor importancia en la historia de América. Allí se encuentra el Museo de Québec, que posee una importante colección de arte quebequense y presenta a veces grandes exposiciones internacionales.
La guía:
- Clima: Las regiones meridionales de Ontario y Québec presentan un clima húmedo, con inviernos fríos, veranos calurosos y abundantes precipitaciones a lo largo de todo el año.
- Dinero: La unidad monetaria es el dólar canadiense. Se divide en 100 centavos. Hay monedas de 1, 5, 10 y 25 (quarter) centavos, y de 1 dólar, conocida como un «loonie». Los billetes son de 2, 5, 10, 50, 100, 500 y 1.000$. Los dólares USA son comúnmente aceptados. No existen límites para introducir moneda en Canadá. En todo el país está extendido el uso de las tarjetas de crédito. Los cajeros automáticos son abundantes y no existe ningún problema para cambiar. La vida en Canadá no es excesivamente cara sobre todo para los servicios básicos (comida, alojamiento y transporte). Es costumbre dar propina en los restaurantes (en torno a un 15% del importe).
- Transporte:
En coche: Una posibilidad es alquilar un coche. Hay numerosas compañías y los coches son generalmente de cambio automático. Si se piensan recorrer largas distancias, es recomendable elegir un vehículo con un gran depósito, ya que es frecuente que las gasolineras escaseen en algunas regiones.
En autobús: En distancias no excesivamente largas, el autobús es la opción más recomendable, mucho más económica que el avión. La famosa compañía Greyhound cubre todo el territorio nacional, con salidas muy frecuentes. De mayo a octubre el carné Tourpass permite desplazarse en autocar durante 14 días, sin límite de trayectos, en las provincias de Québec y Ontario.
En tren: La línea más importante es la del corredor Québec-Windsor (Ontario). Los fines de semana hay tres servicios de este tren entre Toronto y Montreal. El viaje dura cinco horas. - Salud: En general, no existen zonas de riesgo y las condiciones de salubridad son muy buenas. Tampoco se exige ninguna vacuna. Es muy importante viajar con un seguro médico, ya que las tarifas pueden ser elevadas. También es recomendable portar los medicamentos habituales y un botiquín de urgencias. En caso de emergencia se puede llamar al 911, que permite ponerse en contacto con la Policía, la ambulancia o con los bomberos en todo el territorio canadiense.
- Souvenirs: En Québec la oferta de compras en amplísima, destacando la artesanía del lugar (como las colchas de patchwork) y los dibujos y tallas de los abenake, los primitivos pobladores. También encontrarás en la ciudad de Québec interesantes antigüedades, muebles y objetos coloniales en la calle St. Paul (Basse Ville).
|
Calificación
0 estrellas de 5
0 puntos (0 votos) |
publicado el 22/oct/2008, 15.24 |
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Quebec...
|
¿Quiénes están dispuestos a brindarme alojamiento? |