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Cuba: Camagüey, el laberinto (Parte II)

Escribe: Nocturna
Una vez que recorrimos en profundidad La Habana, pasaremos a recorrer Cienfuegos, Camaguey, Trinidad y sus tesoros, y por fin llegaremos a Santiago de Cuba. Si quieres calidez, buen humor y un clima y una gente siempre predispuesta al disfrute y al convite, entonces sumérgete en Cuba.

 
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Cuba: Camagüey, el laberinto (Parte II)

Cuba — miércoles, 26 de mayo de 2004

Camagüey, el laberinto

En esta provincia se encuentra el famoso archipiélago formado por los cayos: Coco, que, en realidad, pertenece a la vecina provincia de Ciego de Ávila, Romano, Guajaba y Sanibal. La región está encuadrada en la segunda barrera coralina más importante de Latinoamérica, la primera está en Belice.

La ciudad de Camagüey, capital de la provincia, es de todas las ciudades cubanas la más medieval en el trazado de sus calles. Entre sinuosas y laberínticas, todas confluyen en plazas y plazuelas. Esta complicada geografía urbana se creó por temor a los piratas, se construyó un verdadero laberinto en sus calles con salida a plazoletas propias para emboscadas.
Sus casas, alejadas del estilo palaciego, tienen en su interior un patio central en el que se plantan hierbas aromáticas y donde se sitúan sus famosos tinajones, enormes tinajas que se usaban para recoger el agua de la lluvia. La región también comprende las provincias limítrofes de Ciego de Ávila y Las Tunas.
La provincia de Ciego de Ávila posee costas pantanosas, numerosos cayos y manglares, lo que constituye su principal atractivo turístico. Entre sus puntos de interés destacan el mencionado Cayo Coco, la Isla de Turiguanó y la laguna de la Leche. Al sur se localiza el Laberinto de las Doce Leguas, un pequeño archipiélago con numerosos cayos e innumerables islotes. Estos no ofrecen servicios turísticos, excepto el de Caguamas, pero se ha de contratar la excursión. Otras poblaciones importantes son Florida y Guáimaro.

Ubicada en el centro-este de la isla, la tercera ciudad de Cuba resguarda el casco histórico más grande del país. Son 316 manzanas con casas y edificios de los siglos XVII, XVIII y XIX, callejuelas laberínticas, e iglesias a torrentes al decir de Nicolás Guillén, el célebre poeta camagüeyano. Y en la costa, la barrera de coral y las arenas blancas de Santa Lucía.

Vista desde la azotea del edificio Lugareño el más alto del casco histórico de Camagüey, la ciudad parece un mar de techos rojos con tejas de barro donde sobresalen los campanarios de las iglesias vetustas de la colonia, que proliferan desproporcionadamente por cada rincón de la ciudad.

El siguiente rasgo que se distingue desde la altura es el singular trazado urbano de las calles, quizás el más irregular de toda América. En Camagüey, la caprichosa geometría de calles forma, por ejemplo, triángulos casi perfectos y bifurcaciones en senderos que mucho más adelante confluyen en el mismo lugar. Las calles de adoquines gastados que rara vez corren en línea recta por un largo trecho vagan a la deriva por un curso sinuoso. El visitante está condenado a deambular también sin rumbo, para encontrarse, luego de varias horas e involuntariamente, en el mismo punto de partida donde comenzó su paseo.

Pero el caos urbanístico tiene una lógica muy racional. La antigua Santa María de Puerto Príncipe una de las siete villas fundadas por Diego Velázquez fue saqueada y vuelta a fundar varias veces como consecuencia del ataque de piratas célebres como Henry Morgan, quien devastó Camagüey en 1668. Por eso se copió adrede la estructura laberíntica de la ciudad europea medieval para desorientar así al invasor y conducirlo siempre a los espacios abiertos de las plazas, donde se tendían las emboscadas.
Este intrincado dédalo de calles inspiró a Nicolás Guillén a escribir Mis queridas calles camagüeyanas, las mismas que hoy son la perdición y el encanto de todo viajero. En el centro de este laberinto hay que buscarlo se encuentra el Callejón del Silencio, el más famoso de los 60 que tiene Camagüey y el más angosto del país: mide 1,40 metro de ancho.

Camagüey fue fundada en 1514 y, a diferencia de las otras villas coloniales de la isla, carece de un núcleo central con una plaza mayor que aglutine a su alrededor a un cabildo, la catedral, la aduana o los edificios administrativos. Por el contrario, hay un total de veinte plazas, plazoletas y parques desperdigados por la estructura multipolar de la ciudad vieja, al igual que los otros edificios importantes de la colonia.
Si bien el casco colonial es mayor que el de La Habana Vieja, no tiene la grandilocuencia de su similar habanero. El estilo camagüeyano es más sobrio, sencillo y discreto, ya se trate de las viviendas, las iglesias o los edificios de dos plantas. En el casco antiguo hay 316 manzanas declaradas Monumento Nacional, donde predominan las casas de familia, habitadas de manera ininterrumpida desde los tiempos de la colonia. El más antiguo conjunto de viviendas del siglo XVII con retoques mudéjares y pre-barrocos está alrededor de la Plaza de las Cinco Esquinas del Ángel. Pero fue en el siglo XVIII cuando se desarrolló a pleno la arquitectura colonial de las casas de Camagüey, con sus puertas flanqueadas por medias pilastras, sus artísticas rejas de hierro forjado y madera torneada, y los altos puntales en los techos. El rasgo distintivo de la casa colonial es su patio central, fresco y poblado de árboles, alrededor del cual se estructura toda la casa, un poco al modo de una fortaleza. La hora de la siesta quizá sea el mejor momento para deslizar la mirada tras los barrotes de las enormes ventanas y husmear un poco en la intimidad de los camagüeyanos. Allí se verán mecedoras de madera, fotos del Che y de Fidel, pisos de mármol, un grupo de amigos bailando al ritmo de los Van Van en un día de semana o una pareja de viejitos emocionados hasta las lágrimas con el final de una telenovela brasileña.

Camagüey es una ciudad de puertas y ventanas abiertas, como toda Cuba. De las casas brota el aroma a tabaco de los tradicionales habanos y una música a todo volumen que inunda las calles desde las ventanas. Pero el sonido musical rivaliza un poco con el de la efusividad del camagüeyano común bullanguero por derecho propio que cuando ve a un amigo caminando a media cuadra le grita desde la distancia: Compadre, ¿cómo está usté?. Las mujeres también suelen hablar a los gritos, de ventana a ventana, con la comadre de la casa de enfrente.
Acceder a la casa de un desconocido en Camagüey es una tarea bastante sencilla. Basta acercarse a paso tranquilo, intercambiar una mirada que abra el diálogo y al rato la invitación estará hecha. Antes de lo previsto, uno se encuentra sentado en un frondoso patio interno rodeado de galerías, saboreando un rocío de gallo (café con unas gotas de ron). Y aquí aparece justamente otro símbolo distintivo de la ciudad. En algunas plazas y sobre todo en los patios descansan sobre el suelo los tinajones de barro cocido donde, en tiempos coloniales, se almacenaba el agua de lluvia que bajaba de los techos por unas canaletas. En Camagüey siempre hubo problemas de agua; y eso explica la proliferación de centenarios tinajones de hasta dos metros de altura y cuatro de diámetro que hoy decoran incontables casas y lugares públicos.

En Cuba, los camagüeyanos tienen fama de cultos, galantes y enamorados. Por la ciudad proliferan peñas literarias de acceso libre donde mucha gente se reúne a recitar poesía. Por su parte, en la Casa de la Trova Cisneros 171 se juntan los músicos locales de martes a domingo a tocar son tradicional y boleros desde la tarde hasta altas horas de la noche. Y muchos sábados se instalan en distintos puntos de la ciudad una serie de altoparlantes. Con la música, enseguida empieza el baile y nos desbaratamos de ritmo, como dicen los cubanos.
Una interesante recorrida por la ciudad podría comenzar por la Plaza San Juan de Dios, un amplio espacio abierto alrededor del cual se levantan edificios de gran valor arquitectónico como el viejo Hospital de San Juan, que data de 1728, ligado de manera simbólica a Ignacio Agramonte, uno de los héroes de la primera guerra de la independencia cubana. Fue justamente en este hospital donde los españoles expusieron en público en 1873 el cadáver de El Mayor antes de cremarlo para que no quedaran rastros suyos sobre la tierra. El temido Mayor General Agramonte fue héroe de 45 batallas a las que iba al frente de una caballería de mambises (luchadores por la independencia) que avanzaba a golpes de machete. Una placa con la letra de la famosa canción de Silvio Rodríguez en homenaje a El Mayor recuerda este suceso.

La otra figura emblemática de Camagüey es el poeta Nicolás Guillén, cuya modesta casa natal guarda objetos personales del escritor y hoy es una sede del Instituto Superior de Arte (calle Hnos. Agüero 5.
Camagüey es de esencia multifacética; un lugar donde lo más diverso se mezcla dando resultados sorprendentes. Que un sector del barrio colonial se convierta por la noche en una ruidosa discoteca callejera es una escena digna del realismo mágico. Sepa también el viajero que por muchas razones quien va a Cuba también va a España. Y a África, con magia negra incluida. Por último, si un refinado cubano se despide con un afrancesado aurevoir es porque nació en Camagüey.

Cienfuegos

Es la provincia más pequeña de Cuba, además de ser la que cuenta con menos litoral. Es el tercer puerto en importancia de Cuba y el primero como exportador de azúcar. La fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, erigida para defender la ciudad de los piratas, domina la entrada de su bahía. Cuenta con un malecón de 2 km. que desemboca en la arteria principal de la ciudad, el paseo del Prado, donde converge la Avenida de los Cienfuegueros. Allí se pueden admirar bustos de los habitantes más ilustres, el parque del teatro Luisa, las fachadas de colores y hermosos soportales de columnas. Otro parque, el de José Martí, concentra los más bellos ejemplos de la arquitectura de la ciudad, con edificios del siglo XIX y principios del XX, considerados Monumento Nacional.

Resulta ineludible conocer el teatro de estilo neoclásico Tomás Ferry, el palacio Ferrer -desde cuyo mirador se tiene una impresionante vista de la bahía de Jagua-, y Punta Gorda, antiguo barrio aristocrático donde se pueden observar elegantes mansiones conservadas en excelentes condiciones. Hay que reservar tiempo para visitar el Jardín Botánico de la Soledad , a 25 km. de Cienfuegos, donde se puede ver una rica colección de especies tropicales, como la palmera Real, originaria de la isla.

El apacible rumor de las palmas y cocoteros, la arena blanca y fría que se escurre entre los dedos, el suave mareo de un daiquiri bien frappé, el placer turquesa del mar... Después de uno o dos días en las relajadas playas del Caribe cubano, la mayoría de los viajeros quiere ampliar los territorios de su estadía en esa isla casi mítica para internarse en otros paisajes de su verde geografía y conocer otros lugares de su intensa historia, cuya revolución conmovió a América latina y al mundo.
Es la mayor de las Antillas, pero isla al fin, es pequeña en relación con otros países continentales. Sin embargo, las posibilidades de viajes y excursiones por las provincias que la integran son variadísimas y todas se pueden realizar desde las playas de Varadero, Holguín o cualquier otro de los centros turísticos. Y por supuesto, también desde La Habana, la capital y una de las dos ciudades, junto con Cartagena de Indias, que atesoran los centros históricos coloniales más bellos del Caribe.

Trinidad: un cofre de tesoros

El conjunto urbano la ciudad de Trinidad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, constituye algo único en América. Aunque existen algunas edificaciones más sobresalientes por sus dimensiones y lujos, las casas que más abundan tienen como característica la ancha fachada sin portal y sin zaguán, con la sala espaciosa después de la entrada principal.

Según fuentes bibliográficas consultadas en el Archivo provincial de Historia de Sancti Spíritus -a 350 kilómetros de La Habana- Trinidad, villa nacida hace 489 años y que conserva su estilo de los siglos XVIII y XIX, atesora un interesante conjunto urbano con elevada concentración y casi absoluto predominio de edificaciones coloniales.
Aunque existen algunas más sobresalientes por sus dimensiones y lujos, las casas que más abundan tienen como característica la ancha fachada sin portal y sin zaguán, con la sala espaciosa después de la entrada principal. Estas viviendas son además poco profundas, con patio o huerta interior rodeado de habitaciones, mientras la cocina y los servicios domésticos se encuentran al fondo.

La no existencia de paredes medianeras entre sala y comedor, separados nada más que por unos arcos simples, dan en cambio una cierta imagen de grandeza, haciéndolas más claras y ventiladas. Los techos en general de las moradas de la tercera villa fundada por los españoles son de alfarjes sencillos, salvo en las mansiones de los más ricos hacendados que vivieron en la ciudad en el siglo XIX. Las ventanas resultan muy llamativas al transeúnte, pues son muy altas y espaciosas, sin llegar al piso, y tienen como regla un apoyo de aproximadamente medio metro, que hoy los trinitarios utilizan como asientos.
Tienen las ventanas una personalidad propia porque se asoman a la acera, lo cual permite a los vecinos estar al tanto de lo que ocurre en la calle sin salir del hogar. Sus rejas, algunas de hierro y otras de madera, están bien trabajadas y constituyen por sí solas un detalle de elegancia, dondequiera que estén instaladas.

Dentro del casco histórico de Trinidad se encuentra la Plaza Mayor, que se distingue por su inigualable belleza, a la cual se unen por sus cuatro lados construcciones que datan de finales del siglo XVIII. Uno de estos es el Palacio Brunet, ubicado en una de las esquinas de la plaza y que en la actualidad acoge al Museo Romántico, uno de los más interesantes en Cuba. Aunque la instalación sufrió algunos cambios con el tiempo, conserva bastante intacto su aspecto original, de 1808.

Si bien el proyecto de restauración concibe, en algunas piezas y como recurso estético, la colocación de falso techo, en otras los alfarjes alcanzan la escala de obra de arte. Muy elaborados se observan los lazos de cierre de los tirantes pareados, con piezas en forma de estrella, de donde penden las lámparas. Otras de las construcciones que distinguen el conjunto urbano trinitario es la Casa Padrón; su portal, sobre columnas simples, sobresale en el contexto de la ciudad trinitaria, donde si bien hay pocas casas porticadas, son aún más raras las que poseen postes de mampostería.

Para muchos historiadores cubanos, es la Plazuela de Segarte el alma y el punto de referencia con vistas a hablar de la ciudad museo del Caribe, pues en ella se encuentran varias de las más importantes y típicas casas de la Trinidad del siglo XVIII.

Los Tesoros de La Punta

Galeones hundidos, expediciones frustradas y tesoros perdidos han envuelto en halo místico la historia de la Bahía de La Habana. Los misterios de las profundidades y los rumores de buscadores de fortunas han levantado más de una conjetura entre los interesados en el tema
Muchos enigmas quedaron revelados con la apertura del Museo de San Salvador de La Punta, que prueba el valor de los grandes pecios rescatados en la Bahía de La Habana, y descubre algunas de las riquezas que permanecieron durante siglos en el fondo del mar.
Como un vigía que domina la entrada del puerto habanero se yergue el nuevo museo, otrora fortaleza ideada por el ingeniero militar Giovanni Baptista Antonelli. Su construcción, finalizada hacia 1630, reforzó las defensas, trincheras y cadena que ponía límites al canal, insuficientes hasta entonces por la ambición que despertaba La Habana en corsarios y piratas.

Alejado de sus propósitos primigenios, el castillo vivió en el siglo XX otras funciones no relacionadas con valores estratégicos. Su deterioro hizo que la Oficina del Historiador de la Ciudad le devolviera el esplendor de sus orígenes a una de las fortificaciones declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Expresión de todas las técnicas de restauración y de las artes constructivas, el proyecto rehabilitador permitió acceder al basamento original de rocas y transformar las derruidas estructuras. El entorno de la actual edificación renace con una plaza de adoquines antiguos, testimonio de sus pavimentos originales.
Junto a ellos, las magníficas lozas de barro extraídas, al pie del pescante del Morro, del naufragio del San Antonio, constituyen una auténtica joya de la preservación. Al castillo lo rodean ahora catorce láminas de bronce, con los planos de cada una de las catorce fortalezas militares que protegían el puerto de La Habana.

Gracias a tratamientos especiales, los hallazgos de las excavaciones subacuáticas que parecían pedazos de rocas cubiertas por corales, areniscas y algas, han recobrado su apariencia original. Varias de las piezas expuestas han sido rescatadas del fondo del mar y conservadas por CARISUB, institución cubana que desde 1980 desarrolla en el territorio nacional las actividades de Arqueología Subacuática.
Al finalizar este recorrido por el museo, que hoy describe con exactitud el sistema defensivo de La Habana, aparecen las maquetas navales que remedan embarcaciones de los siglos XV al XIX, mientras la sala transitoria acoge los grabados y otras piezas que describen la Toma de La Habana por los ingleses.

Así, con más de 400 años de historia, la Real Fortaleza de San Salvador de La Punta une a su eterna misión de centinela y protectora de la bahía habanera, la de guardiana de un inestimable tesoro de los siglos, de las rocas y del mar.

Santiago de Cuba, la heroica

Antigua capital de la isla, Santiago de Cuba merece una detallada visita que comienza en el parque Céspedes (antigua plaza de armas) para deleitarse con la impresionante balconada de la Casa Velázquez, la más antigua de América. Este es el punto de partida idóneo iniciar un interesante periplo que parte de la calle Heredia, auténtica columna vertebral de la ciudad. En su entorno encontraremos muchos monumentos y lugares imprescindibles como: la Casa de la Trova, los museos de Ambiente Histórico Cubano y del Carnaval y la Casa del Estudiante, entre otros.

El sistema defensivo de la ciudad concentra su máximo interés en el castillo del Morro, con su museo de Piratería. Uno de los lugares de reunión por excelencia de los santiagueros es la calle Pico, en cuya base se abre el barrio de Tívoli, corazón del carnaval. Quienes deseen profundizar en la historia de Santiago deben acercarse a la plaza de la Revolución y al cementerio de Santa Ifligenia (catalogado como Monumento Nacional), con esculturas y mausoleos considerados una obra de arte de la estatuaria, allí reposan los restos de José Martí y José Antonio Maceo.

En los alrededores de la ciudad se ubican dos lugares de ineludible visita: el parque Baconao, declarado Reserva Natural de la Biosfera, y el santuario de la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre. Para deleitar la vista nada mejor que admirar el espectacular paisaje de la sierra Maestra, con sus grandes plantaciones de café.
Ya en la provincia de Holguín, llamada "tierra del níquel", es una de las mayores reservas mundiales de este metal, podemos acercarnos a su capital, ciudad con su mismo nombre, y tener una hermosa vista del valle de Mayabe desde su mirador. Entre los puntos destacados están el museo Indocubano Baní, la playa Cuernalavaca, una de las más hermosas de Cuba, y la bahía Naranjo. Los amantes de la caza pueden acercarse al cayo Saetía, lugar que cuenta con una abundante fauna.
La ciudad cabecera del municipio es Santiago de Cuba, una de las siete villas fundadas por Diego de Velázquez en los primeros momentos de la conquista y colonización, por España, de la isla de Cuba.

Su primera actividad económica fue la búsqueda de oro, que pronto se agotó. El descubrimiento de yacimientos de cobre posibilitó la explotación de la primera mina de ese mineral en Cuba, en la zona de El Cobre, cercana a la ciudad, donde hoy se levanta el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, identificada (sincretizada) con Ochún en las tradiciones afrocubanas.
Santiago de Cuba fue objeto de la codicia de piratas y corsarios que con frecuencia la asaltaban, lo que provocó la construcción de un sistema defensivo a partir de 1633. El Castillo del Morro, hoy Museo de la Piratería, y las baterías de la Socapa y la Estrella.

En el siglo XVIII, un grupo de colonos franceses que escaparon de la sublevación de esclavos de Haití, introdujo el cultivo del café en Cuba, que comenzó a sembrarse en las montañas de la zona.
En 1878, cuando se definen las seis provincias que conformarían el país, Santiago de Cuba pasa a ser la capital de la Provincia de Oriente.
En 1976, con la última división política-administrativa, el territorio oriental quedó conformado por 5 provincias. Es el momento en que surge la provincia de Santiago de Cuba con su actual demarcación y toma el nombre de su municipio cabecera.

El municipio de Santiago de Cuba está formado por los siguientes poblados: El Caney, El Cobre, El Cristo, Siboney, Boniato y Ramón de la Yaguas que, junto a los 1 5 Consejos Populares urbanos, constituyen las 21 estructuras de base que conforman el gobierno Municipal.
Santiago de Cuba tiene una población cercana al medio millón de habitantes, conformada por más de 470.000 habitantes y una población flotante de 40.000 personas entre turistas nacionales y extranjeros, personas en viajes de negocios, en tratamientos en centros de salud, etc.
En Santiago de Cuba toda la identidad del Caribe se vive y disfruta a plenitud. La hospitalidad y alegría de los santiagueros es antológica, lo mismo que su música y bailes tradicionales. Rodeada de montañas y asentada ella misma sobre elevaciones, la ciudad tiene una apariencia única que la distingue entre las demás. Una parte de la urbe, cercana al centro, preserva sus casas coloniales que forman calles estrechas y hacia la periferia, espléndidas avenidas, edificios altos y modernas zonas residenciales se abren al desarrollo.

Es la ciudad más caribeña y oriental de Cuba, cuna del bolero y el ron, rodeada de montañas y el mar azul. Sensualidad, tambores y ritmo de semillas secas en una conga carnavalera por las escalonadas calles coloniales de Santiago.

La ciudad se asentó sobre un complejo terreno de colinas, dando como resultado una serie de calles irregulares y escalonadas, con pendientes muy pronunciadas. El punto culminante de estos despeñaderos urbanos es la calle Padre Pico el mirador santiaguero por excelencia, que es en realidad una larga escalinata con viejas casas a los costados.
El centro histórico Santiago tomó de España su arquitectura colonial con cierto acento morisco, que perdura en los patios señoreados con azulejos de Sevilla. Por las estrechas calles aún transitan carretas tiradas a caballo, y en las casas se ven balcones con barandas de madera labrada y grandes ventanales coloniales que son un muestrario de la herrería cubana del siglo XIX, con su exuberante profusión de arabescos, liras y claves de sol.

El Parque Céspedes, rodeado de antiguos edificios coloniales, es el corazón de la ciudad vieja. A su lado se levanta la catedral y enfrente reluce la impresionante balconada de la casa del Adelantado Diego Velázquez, construida en 1516, la más antigua de Latinoamérica. En el Parque nace la calle Heredia, columna vertebral de la ciudad colonial. El lugar más animado y tradicional de esta calle es la Casa de la Trova. Allí se reúnen cubanos y extranjeros a escuchar a veteranos trovadores al estilo Compay Segundo que dan vida a boleros clásicos y sones como Lágrimas Negras y Son de la Loma. Aquí no hay salsa ni amplificadores; los soneros desfilan de manera más o menos espontánea, todos los días desde las 10 de la mañana hasta la madrugada. Los músicos se abrazan a sus contrabajos con curvas de mulata, sacuden las maracas y puntean sobre las cuerdas del agudo tres. El bolero es oriundo de Santiago, y el ambiente originario de aquella época de oro se conserva en este bar, decorado con cuadros y fotos de luminarias como Bola de Nieve, el Trío Matamoros, Beny Moré, y el renacido Compay Segundo.
Muchos atributos coronan a la ciudad de Santiago de Cuba como la joya de la nación, no por gusto tiene un modo de identificarse dentro y fuera de fronteras: Rebelde Ayer, Hospitalaria Hoy, Heroica Siempre.
Para su fortuna el Mar Caribe también le aporta una peculiaridad sin par: a su gente, a su clima y sobre todo a sus costas.
Sumergirse en ese mismo mar es descubrir lo insólito, tocar lo inalcanzable, vivir la vida.

Pero bucear en las caribeñas aguas de Santiago de Cuba tiene algo más; entraña también la seguridad que siempre reclama el inmersionista.
En aras de preservar la confianza de aquellos que buscan la aventura en esta zona del Caribe, cuatro prestigiosas instituciones de Santiago de Cuba fusionaron talento y experiencia: el Instituto Superior de Ciencias Médicas, el Hospital General Santiago, el hospital militar Dr. Joaquín Castillo Duany y la Clínica Internacional, perteneciente a la Compañía Turismo y Salud del Grupo Cubanacan.

De conjunto, contribuyen a evaluar las posibilidades de los que desean practicar el buceo, brindan atención especializada en caso de accidentes durante la inmersión y contribuyen a la perfección de los conocimientos que sobre medicina subacuática se posean.
Todo ello para poner en mano de los amantes de las profundidades, justo lo que más se busca bajo el mar: tranquilidad, seguridad, disfrute.

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publicado el 23/oct/2008, 15.33
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