Diarios de viaje > El Mundo > Europa > Italia > Diario de viajes

Liguria: verde oliva y atardeceres violetas

Escribe: tuqui
Liguria es una región de la costa oeste italiana que se extiende de Génova a Mentone: se trata de uno de los ámbitos más lujosos de este país, donde llegan muchos viajeros atraídos por sus aromas a olivas, vides y la sal de un mar de imponentes (y permanentes) atardeceres.

 
Capítulo actual 1 de 1
 

Liguria: verde oliva y atardeceres violetas

Italia — viernes, 24 de octubre de 2008

Lo que fuera la antigua Vía Aurelia en algún momento y, mucho más tarde, una serie de pueblitos de pescadores, hoy es uno de los conjuntos arquitectónicos más codiciados de Italia. Poco a poco, los antiguos botes van dejando lugar a lujosos yates, algunos tan grandes que podrían permitir que en su cubierta se estacione un helicóptero.
Cuando el clima es más suave surge el turismo del invierno, que también que se ha desarrollado en los centros como Bordighera, San Remo, Alassio y Albenga, todos en Liguria.

Un espacio en el que los mejillones son como dátiles, pueblos que saben del vino joven, del pescado que llega cada día, del oliva Montañas verdes que caen en el violeta de un atardecer, costas escarpadas y sorprendentes.

Un punto de partida para un recorrido por lo real maravilloso puede ser -de hecho lo es- la Vía Aurelia, a la orilla de un mar que es de romanos. Paralela a la línea tenue del mar -que también es la del horizonte- este camino que viene desde el imperio todavía hoy recorre a través de 2300 Km casi la mitad de Europa, uniendo -reuniendo- Roma con Cartagena. Recordar que la Vía Aurelia es más antigua que el Evangelio, incluso que París y Venecia, es pensar en el tiempo sucede a través de un paisaje que baila alrededor del mar entre tules de claveles y retamas.
A veces, el tiempo real -los minutos, los segundos-, se refugia más allá de las montañas verdes que parecen explotar en el mar.

Pasando por Paraggi, un pequeño balneario en cuyo hotel se encuentra una de las discotecas más exclusivas de Europa, se llega a la pintoresca Portofino, ubicada en una bahía salpicada de esmeraldas y jades. A pesar de que su puerto alberga a un yate por habitante, sigue siendo un refugio para quienes buscan la paz. Detrás de las fachadas ocre y terracotas, ya casi no viven pescadores. Hoy se trata de departamentos de lujo, cuyos propietarios en su gran mayoría viven en Milán. Al nivel de la calle, bajo las arcadas que se suceden, se alternan las boutiques, los negocios que nos hablan de un barroquismo de colores, pubs y galerías de arte otro final de la herradura de piedra que es la bahía, desde el Castillo San Giorgio, también puede verse ese otro pueblo blanco que son las embarcaciones sobre el mar.

Génova

Génova, con su puerto interminable, sus palacios y sus museos, es el comienzo de un recorrido que termina en Portofino, vértigo a la italiana, un mar de playas breves y múltiples rincones, aventuras aguas adentro. El Mediterráneo puro y las posibilidades de un viaje en el que los descubrimientos, sin duda, están en el detalle, en la aventura y en el aire siempre sorpresivo del lugar. A veces, hasta los mismos agricultores van en bote para llevar las vides a las bodegas vecinas.

Así, Génova, "La Superba", como la llaman en Italia, con su puerto que se parece a otros puertos de por aquí, es casi la puerta hacia un territorio de luces y tiempos diferentes.

El faro de Génova

Símbolo de la ciudad y postal de toda Liguria, el faro de Génova se construyó alrededor del 1200, cumpliendo una función de puesto de protección, y luego pasó a cumplir la función actual. La primera araña o gran farol de luz, es posible que se haya instalado en las primeras décadas de 1300; fue alimentada con aceite de aceituna, viniendo de los depósitos del Doge.

Alrededor a 1513, el faro fue centro de las negociaciones de la ocupación de los franceses como centro de control sobre la conexión entre tierra y mar. Por aquellos años su luz no era más que ayuda a los marineros. En 1543 fue ampliada su construcción, usando 2000 quintales de cal y 160 metros adicionales de piedra que fueron recuperados al mar. Además se agregó en la cúpula una cruz de oro.
En el S XVII el edificio fue conectado con los muros de la ciudad como barrera de defensa portuaria contra las tormentas.

La "araña", como la vemos hoy, formada a partir de dos torres, uniformes a partir de dos marcos con los arcos que cuelgan, de 117 metros sobre el nivel del mar; y su luz con una capacidad de 27 millas náuticas es uno de los puntos más visitados por los turistas, ya que desde la terraza de la segunda torre puede ser admirado todo el golfo de la costa.

San Remo

A comienzos del S. XX, gracias a su clima benigno y sus paisajes, San Remo era una aldea pequeña donde llegaban los primeros turistas "vip": nobles y soberanos de todas partes de Europa. San Remo goza de días soleados, poca lluvia, una temperatura particularmente dulce y constante, con promedios de 10 grados en invierno y 23 de verano.

Los puertos turísticos son dos: el puerto viejo, llamado el portuario, y el moderno, denominado Portosole, con posibilidad de acomodar más allá de 800 barcos, punto de referencia para las regattas más importantes del mediterráneo, entre las cuales se encuentra el "Giraglia famoso" de San Remo a Tolone y el San Remo-Saint-Tropez.

La "ciudad de las flores", fascina por la combinación de contenidos históricos y artísticos de la ciudad y los recorridos por sus sendas a través de la costa. Las flores, a las cuales San Remo debe su apodo famoso, sucede gracias a la situación climática favorable de la región, donde las plantas y las flores de cada parte del mundo prosperan en el jardín y los parques de la ciudad.

Los lugares de interés histórico y artístico ofrecen conocer los orígenes de la ciudad que llegan al período del imperio romano, durante el cual se construyeron imponentes rutas y puestos de pasos que aún hoy se pueden ver. Del período medieval, durante el cual la ciudad era vasalla del Arcivescovado genovés, se conserva el núcleo histórico de la ciudad, llamado "el Pigna", que se convierte alrededor del santuario de la Madonna de la costa (sexto siglo) en callejones con tabernas y arcadas típicas de este período.

Otra construcción imponente es la iglesia de San Siro, un edificio de estilo gótico-romano del S XIII construido encima a un complejo de la edad anterior.
Más reciente, pero no de menor interés, es el palacio Borea D ' Olmo (S XVII) y sobretodo la iglesia ortodoxa evocadora, ejemplo típico de la arquitectura moscovita, debido a la estancia en la ciudad de la zarina Alexandrovna Maria.

A pocos kilómetros de la ciudad, hacia el este, finalmente encontramos las ruinas de la vieja Bussana, la aldea medieval fue destruida durante el terremoto de 1887. Hoy es el lugar de reunión y de inspiración para una creciente comunidad internacional de artistas.

El Casino fue construido a principios del siglo XX, cuando ciudad comenzó a demostrar claramente su vocación turística. Con numeroso salones de juegos, es uno de los casinos más grandes de Europa. Allí se puede probar suerte en una gran diversidad de juegos, como la ruleta francesa, el black jack y la ruleta americana, además de dados y tragamonedas. Sin embargo, asociar el Casino de San Remo a la palabra "juego" sería injusto, sobretodo si se tiene en cuenta que su vocación original desde su origen fue ofrecer buena música y actividades culturales, teles como: teatro, conciertos, prosa, cine y literatura.
En la ciudad también se celebra el festival de la música en marzo de cada año; este festival reúne a cantantes y bandas nacionales e internacionales convocando a miles de fans.

Para los amantes de hacer compras, el centro ofrece una gran variedad de "boutiques" y de stores típicos, con los condimentos esenciales entre tomates y olivas.

Oneglia y Porto Maurizio

Capital de la provincia de Liguria, a 50 kilómetros de la frontera francesa, Oneglia, fundada en 980, tenía relaciones siempre alternas con la república de Génova. Aguantó numerosos asedios y sitios franceses, e incluso sufrió el ataque de Napoleón. El núcleo antiguo, desarrollado en el área de Castelvecchio, fue movida en edad comunal hacia el mar.
Maurizio vira hacia el lado de babor, el viejo puerto militar romano se introduce como una típica aldea medieval de Liguria, defendida en un cabo. La ciudad conserva los testimonios de la edad medieval entre los cuales se encuentran edificios como el Paraxo (S. XII), el palacio del gobernador, el palacio de Pagliari (S. XV), la pizarra del palacio (S. XVII), la iglesia de S.Leonardo y la casa del Santo.

Entre 1781 y 1832 SE erigió la basílica de San Maurizio, más grande que la de Liguria. El interior del edificio sobrepasado de una cúpula ancha, ofrece una imagen impresionante.
Las dos aldeas son hoy pilares para los turistas de todo el mundo: hay numerosas atracciones deportivas, como las regattas, eventos culturales como la exposición nacional "ciudad premiada de la pintura de imperia" en septiembre, el torneo internacional de ajedrez, etc.

Pero Maurizio y Oneglia también cuentan con características notables que la destacan sobre otras ciudades de Liguria, del mar y del árbol verde oliva. El puerto de Maurizio, elegido en 1797 como capital de la jurisdicción del Ulivi, acomoda el museo naval de la región de Liguria. Dividido en 15 secciones, conserva secciones dedicadas a la construcción naval, que introduce la única colección completa de herramientas navales antiguas; que va de los instrumentos de los sextantes a los compases, hasta material cartográfico, documental y modelista. Cada objeto parece decir su historia, que en definitiva es un pedazo de la historia de Liguria y del mediterráneo. En el museo también se puede conocer una biblioteca temática ubicada de lado a lado del edificio, donde están documentos de los campos al arte náutico, como la exploración geográfica, el comercio marino, las actividades de la artesanía del puerto, etc.

Oneglia puede contar la historia del árbol verde oliva y la producción de se aceite. Es en esta ciudad donde se encuentra el segundo de los testimonios históricos más antiguos sobre el árbol de oliva cultivado para aceite. En el S V Oneglia controlaba el comercio del aceite en toda Europa. Hoy un museo rememora desde sus comienzos este culto a este aceite que hace el deleite de miles.

Portofino y alrededores

Detrás del puerto se encuentra el centro de Portofino. Lo conforman un par de cuadras de restaurantes y tiendas de souvenir. En las calles, los autos, nos hablan de un vértigo a la italiana: conseguir habitación -y aun un lugar para estacionar- en Portofino después de las diez de la mañana puede significar tener que volverse, por no encontrar un sitio adecuado.
Hacia el Este comienza un sendero poco transitado, entre pequeñas quintas, con luces viscontianas. Cabras, paisaje escarpado, escarlatas. Y aromas: macchia, castaños y el Tirreno como una dilatada lengua azul ya violeta al atardecer, cuando las cigarras mueren abrazadas a las cortezas de los pinos, abrasadas a su vez por el sol implacable.

A una hora del camino, luego de una curva, aparece una bahía de celeste intenso, una pequeña playa de piedras delante de la antigua abadía de San Fruttuosso di Capodimonte. Construida en el siglo VIII d C y destruida por los sarracenos, fue reconstruida por los benedictinos.
Allí uno puede internarse en un nocturno, con un pequeño bote en aquella boca que es la bahía. El remero entonces apoyará un cono rústico de vidrio sobre el agua, a través del que puede adivinarse un Cristo de piedra en lo profundo. Al norte de San Fruttuoso, al otro lado del Monte di Portofino, se encuentra Camogli, "la ciudad de las mil velas", llamada así porque en el siglo pasado poseía una flota de barcos aún más numerosa que la de Génova. Las casas son angostas y se les fueron añadiendo pisos a través de los años. Allí funciona un museo naval y el Instituto Náutico Cristoforo Colombo, uno de los mejores centros de instrucción para oficiales de la marina de Italia.

Cinqueterre, el destino escondido


Separados por una cadena montañosa del intenso y lento paso de las tropas aurelianas: la ruidosa pero más directa Autostrada Al 2, aparecen los cinco pueblos que la constituyen.
De noche y desde lejos, vista desde arriba, los cinco pueblos que la componen establecen una poética geometría. Aislados desde los tiempos romanos, se encuentran en aquel punto de austeridad que en una primera mirada podría llamarse apresuradamente pobreza.

Pero no es así: se trata de una conexión plena con lo natural -un ciclo eterno de luces y sombras, de calor y frío, de tiempo y espacio, de montaña y mares presumibles en los viñedos-: techos rojos, verdes casi celestes a veces, a lo lejos, y aquí cerca, verdes amarillos.
Cinco millas de costa rocosa en Liguria occidental, dos cabos en los extremos, miles de kilómetros de muros de piedra seca repletos de viñedos, cinco pueblecitos meridionales resguardados por espolones de piedra o colocados como racimos en pequeñas ensenadas: éstas son las coordinadas de las "Cinque Terre", así se llaman estos cinco pueblos desde 1448. Allí se encuentran los cinco pueblos que constituyen los famosos Cinque Terre: Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola, Riomaggiore.

Hoy en día forman un Parque Natural y son un territorio tutelado por la Unesco desde 1997.
Este sugestivo tipo de costa llena de precipicios, barrancos y acantilados que a menudo son casi verticales, de bahías, grutas y playas encantadas entre escollos con profundos fondales ricos de variedades ictíneas, hacen que este paisaje se haya convertido en una verdadera "obra de arte" de la naturaleza.

Sus habitantes han logrado, con el cultivo en terrazas, a dominar este terreno tan poco generoso. Este cultivo en terrazas consiste en una estructura formada por estrechas franjas en picado sobre el mar, pero han tenido que edificar gran cantidad de muros para aguantar estas franjas tan despeñadizas. De un estudio naturalista, surge un extraño dato: el hombre de los "Cinque Terre" ha llevado a cabo un descomunal trabajo erigiendo, componiendo y arreglando estos famosos "muros" durante milenios, un trabajo equivalente a haber construido una muralla de dos metros de altura por once mil kilómetros de anchura. Una construcción como la muralla china hoy en día.

Con toda seguridad el tenaz trabajo que estas gentes llevan a cabo desde hace años, unido al aire salado de las salpicaduras de las grandes olas en los días de tempestad, han conseguido producir esta dulce uva, sabrosas aceitunas y limones.

Un reino de olivos, sin reyes, sin arriba ni abajo: sin ciudades, todo es de una nostalgia de algo que siempre, está por llegar, sin ser, insinuándose. Vino: tierra dé vides, de ronroneo de trenes y montañas que parecen llegar de África.

Aunque los romanos restablecieron la antigua vía etrusca dando de nuevo la posibilidad de intercambios comerciales a los "Cinque Terre", éstos cayeron de nuevo en el olvido durante el dominio de la República de Génova y gracias a este olvido este lugar ha conservado intacta su belleza natural. Incluso hoy en día no es fácil llegar a estos cinco pueblos, el tren es el único medio ya que las carreteras son tortuosas. Sin duda esta dificultad para llegar es la garantía más segura para la conservación de un paisaje de características únicas en el mundo.

La particular morfología y disposición del territorio permiten a los vientos dominantes meridionales mover masas de aire caliente cargadas de humedad hacia la cadena montañosa. Cuando estas masas entran en contacto con el relieve la baja temperatura del aire provoca el fenómeno de la condensación que da origen a las improvisadas e inesperadas lluvias.

El vino de Petrarca

El mejor vino de la zona es el Sciacchetra. De él, de su potencia inspiradora, ya habló Petrarca, allí por el Renacimiento, en alguno de sus poemas. Es el resultado de uvas desecadas.

Según las crónicas debe permanecer en botellas dos años para adquirir su duende y 10 más en la botella para ser finalmente disfrutado y bebido. El resultado es de un ámbar cuasi sólido, marino: un vino del color del atardecer. La experiencia es la de vivir toda esa luz en la boca: la experiencia del agua de mar -incluso con algo de algas y sales-.

Son uvas rociadas de mar y pétalos. beben del mar y resultan néctares rojos. Riomagglore cuenta con una particularidad más: como no posee ni playa ni muelle, los botes pesqueros se izan por un sistema de poleas desde escalones esculpidos en la roca. Desde allí, se puede volver a Manarola a través de la orilla y estacionar en más que sugestivo: la Vía dell'Amore, un sendero de jardines que aui bifurcan siempre llegan al mar, que recorre un kilómetro bordeando la serpenteante costa.

Gastronomía

En la cocina de esta zona predominan los productos del mar, particularmente los pescados valiosos como el branzino, el orata y el mormora. Su producto más buscado es la anchoa que se utiliza hoy sobretodo para hacer las salsas y el paté, elaboración que se extiende también a las aceitunas de las cuales se obtiene la nota particular del paté color oscuro (llamado aquí el caviar de los pobres) que es una de las especialidades de los olivicultores de la Liguria.

Un enriquecimiento característico de esta cocina es el de los cubos de tomates; el secado de los tomates es sobretodo especialidad de los horticultores de Imperio y San Remo. El resultado es un sabor suave y una consistencia carnosa superior a las de Calabria, Campani, Puglia y Sicilia. El aceite de oliva es el complemento perfecto para lograr sabores fabulosos en esta tierra fabulosa.

Sobre la playa, numerosas trattorias. Rumor de voces, mar, recuerdo apenas de nueces, el queso que se sospecha en el pesto, limones, olivas. Liguria, soles. Y los datteri di mare, unos casi mejillones que parecen dátiles. Y los tagliatelli y los ravioli parmiggiano, ajo y poesía untuosa: las aceitunas de aquí son ricas en más de un sentido. Mientras que las de Grecia y España dan un 30% o un 40% de aceite, las de aquí dan un 50%. Las calles huelen a óleo vergine prensado en frío, como a vides jóvenes. Vale la pena internarse tierra adentro para obtener esas joyas insinuantes.

Una riviera para disfrutar

La Liguria, colores pastel que dan al mar. El Tirreno, en su intensidad tenue y leve: distintas texturas y tonos. Una Riviera, la Italiana, que reúne distintas bahías y golfos, que nos hablan de una cierta filosofía: la del lugar. De los poetas, del Amor, de los enamorados y de aromas llenos de mar y olivas.

La Guía

    * Bancos: de lunes a viernes, de 8.30 a 13 y de 15 a 16 hs. Folletos, informaciones e Index de hoteles (Annuario Alberghi) En Italia: Servizio Promozione Turística, Regione Liguria Vía Fieschi 1516121 Génova - Tel.: 010 54851

Mejor época para visitar la zona: mayo/junio y septiembre/octubre

    * Hoteles:

          o Santa Margherita Ligure: Imperial Palace Hotel (5 estrellas) - Fax: ( 0185) 284223
          o Camogli: Hotel Cenobio de¡ Dogi (4 estrellas)
          o Portofino: Hotel San Giorgio Tel.: (0185) 692612
          o Manarola: Hotel Marina Piccoia - Tel.: 0187/ 920103 (con buen restaurante).

    * Precios: 30 U$S por persona en base hab. doble, categoría 3 estrellas. 80 U$S por persona en base hab. doble, categoría 5 estrellas.

    * Restaurantes: La Cabana: en Monterosso con vista panorámica (para reservas: 0187 817391). Ristorante II Pitosforo, en Portofino.

    * Alquiler de autos: en el aeropuerto de Génova, aprox. 40 U$S por día con kilometraje ilimitado y seguro.

Calificación

0 estrellas de 5
  •  

0 puntos (0 votos)

publicado el 24/oct/2008, 19.30
leído 172 veces

Imprimir     Enviar a un amigo

  • Publicar en:
Capítulo actual 1 de 1
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí

Capítulos de este diario

  • 1

    Liguria: verde oliva y atardeceres violetas

    Italia | 24 de octubre de 2008